sábado, 31 de enero de 2009

Capitulo 37

El viento que en el Central Park parecía ser una brisa un poco intensa, en la azotea de la Facultad parecía una premonición de tornado.
Elijah observó la terraza girándose a ambos lados cuando abrió la puerta. La rejilla de seguridad casi media dos metros, habían algunas antenas y unas parabólicas. Las baldosas anaranjadas se extendían a lo largo y ancho, como si de una alfombra se tratara.
-Que frío –murmuró Mel pasando por su lado. Caminó hasta la rejilla y observó la altura a la que se encontraban. Se cruzó de brazos tiritando de frío y se giró hacia Elijah que se había parado a unos metros de ella.
-¿Dónde demonios se ha metido esa cría?
-¡Eh oye, por cierto¡ -Mel se acercó a él sin dejar su postura – Enelya me ha comentado por encima que una caza talentos te echó el ojo.
-Ah si –sonrió él- Modelo ¿puedes creerlo?
-La verdad es que si.
-Gracias. Pero no lo veo tan claro. No solo está el terminar este curso, sino que además, está el hecho de crear un negocio con Jensen, ya sabes…
-Podrías hablarlo con él, si realmente te interesa.
-¿Ser modelo? –Mel asintió y agregó.
-¡Tío podrías acabar en lo más alto! ¡Viviendo en una ciudad de ricos, rodeado de lujos, acordándote con cierta nostalgia de un pueblecito en que viviste un sinfín de buenos recuerdos, llamado Haley! ¡Podríamos tener una excusa para visitarte, nos pagarías el billete! ¡Nos recibirías en tu salón/comedor tan grande como una pista de aviones, con una copa en la mano y una revista de culto en la otra, preparado para enseñarnos el póster del mes de Marzo: ¡Tú!. Y con el tiempo acabarías enfriando tu relación con Enelya y un día, después de muchos años de trabajo y éxitos, te visitaría Jensen y tú le preguntarías por mí y él te explicaría que estuve escribiendo un libro y que iría a la ciudad para presentarlo. Después, con cierto temor y abrumación, con el corazón encogido, preguntarías por Enelya y Jensen te diría que está bien, que nunca más salió con nadie y tú te sentirías hecho una mierda. ¡Dios, sería tan intenso! ¿Me dejarías escribir sobre tu biografía? ¡Y me haría rica y famosa¡ Y ya no tendría que darme vergüenza, miedo ni vómitos el pensar en tener que presentare ante los padres del rico, rico, rico novio que tengo. Si, vale, no es tan rico, pero si vieras mi hormiguero de casa y mi basurero de vida, me comprenderías.
-Creo que Zoey y tú tomasteis el mismo brebaje esta mañana.
-¡Espera falta el final! ¡A los cuarenta regresarías de visita a Haley y te invadirían cientos de recuerdos, no podrías recordar nada malo! ¡Te habrían dedicado una calle, pero estuviste demasiado ocupado para venir a inaugurarla!: pero nos enviarías una postal agradeciéndonos el detalle. ¡Y entrarías en el Ñam-ñam y una camarera se acercaría a ti! ¡Y os mi8rariais! ¡Es Enelya! ¡Os abrazáis y todo el local se alza en aplausos y sollozos!. Tú le pedirías perdón por haber perdido tantos años y ella te diría con voz suave y mirada comprensiva que….solo quisiste perseguir tu sueño.
-Mel…
-¡Espera! ¡Después la mirarías y diarias que fue un error porque tu sueño fue estar siempre a su lado….!-se pasó el dedo por debajo de sus ojos como si llorase. Elijah suspiró.
-¿Le haces esto a Jensen muy a menudo?
-¡Sí! (^-^)
-Dios mío –musitó.
-¡Siento el retraso! –dijo Helen llegando a la terraza.
-Si, estábamos desesperadamente preocupados –ironizó Elijah mirándola.
Helen se acercó a ellos con desconfianza y se paró delante de ambos mirándoles de arriba abajo.
-Bianca a estado muy enferma, estuvo hospitalizada durante varias semanas –dijo Helen.
-¿Y qué? –preguntó Elijah metiendo sus manos en los bolsillos de sus vaqueros –Está enferma porque quiere: que coma.
-Tú no lo entiendes, ¡ser la más popular conlleva un precio muy alto!
-¡No puedo entender cómo la apoyáis y de que manera arruináis su vida¡ -exclamo Elijah. Mel le miró - ¡Está dejándose morir¡ ¿No creo que ninguna cosa valga ese precio!
-Te dije que no lo entenderías –respondió Helen.
-¡Es como hablar con una pared! –dijo él, haciendo un gesto brusco-Bien, de todos modos ¡qué nos importa a nosotros?
-Le darán el alta la semana que viene, justo a tiempo para celebrar su cumpleaños. Y no quiere, ni queremos, que ninguno de los dos aparezca por la fiesta que va a organizar.
-Espera que me da algo –dijo Mel agarrándose al brazo de Elijah, rodeándole la camisa con su mano -¿He oído bien? ¿Qué no estamos invitados a la fiesta de “O-sea-que-guay”?...No sé qué decir, ¡no, espera!: ¡Gracias¡
-No queremos que ni os acerquéis. No sois bien recibidos. Aunque vaya todo Haley….
-¿Todo? –interrumpió Elijah y Mel le soltó –Perdona pero no creo que debas incluir a mi novia con “todo”.
-Enelya tiene derecho a venir, puede decidir si hacerlo o no –dijo Helen cruzándose de brazos.
-Escúchame bien, Helen, no quiero que ni tu ni tu pandilla de enfermas mentales se acerque a Enelya ¿te queda claro?. Es más, alejaos de ella y dile a Bianca que la deje en paz.
-Pregúntale si quiere venir –dijo Helen. Y miró a Mel -¿Lo has entendido?
-Tengo que decírselo –dijo Elijah mirando a Mel- Tengo que ver su cara, en serio, déjame decírselo a mí, por favor –Mel asintió encogiéndose de hombros y Elijah miró a Helen- Bien-dijo esbozando una sonrisa-….Jensen tampoco va a ir a esa fiesta de las maravillas. Ya sé que Bianca debe haber preparado la invitación de oro y estará maquinando cómo acercarse más a él, pero ¿sabes una cosa?: no irá. Ni hace falta que se lo preguntes. Porque esta chica –apoyó sus manos sobre los hombros de Mel – resulta que es su novia.
Helen arqueó una ceja.
-¿Qué? –sonrió incrédula -¿Cómo…? ¿Qué?
-¡Eso me hizo sentir genial! –exclamo Elijah -¡Tu cara va a servirme de consuelo para muchos malos ratos! ¡Y ve diciéndoselo a Bianca! ¡Y dile también que lo asuma! Helen, no os convive olvidar que la paciencia tiene un límite y no creo que él soporte que le hagáis más daño a Mel. Y si te he de ser sincero, ni yo ni Enelya lo permitiremos. Mel…- hizo gesto de que se marcharan y Mel asintió y le siguió hacia la puerta.
Mel miró a Elijah mientras bajaban las escaleras pero no dijo nada. Estaba muy alterado y ella no recordaba haberle visto así nunca. Y sabía que le preocupaba lo buena que era Enelya y que aceptara ir a la fiesta. Aunque Mel quería comentar lo intenso que le había parecido todo: la conversación, su reacción…
-¡Llegáis tarde a la siguiente clase! –exclamó Hayden cruzándose con ellos. Elijah no le hizo caso pero Mel le miró y le vió alejarse a paso rápido, saliendo del edificio. Mel dio un suave golpecito en el hombro de Elijah y mientras se alejaba le dijo:
-¡Nos vemos después!
Mel logró alcanzar a Hayden cuando cruzaba el aparcamiento para llegar a la otra parte del edificio.
-Hola Mel –le saludó él sin dejar de caminar -¿Lo sabes ya? Bianca da una fiesta.
-Sí, em…no estoy invitada.
-¿Y eso?
-Es una muy larga historia.
-¿Muy larga? ¡Caramba, te juzgue mal! ¡Te creía modosita, un poco fantasiosa quizás pero no de las que se meten en líos ¡y menos con gente como Bianca!
-¿Puedo hablar contigo un momento?
-Voy al laboratorio ¿quieres venir?
-No –negó ella con la cabeza, parándose al subir la acera. Hayden se detuvo y la miró.
-¡Allí no se conoce nadie entre nadie y nadie hace nada!
-¿No se supone que estudiáis algo de provecho?
-Confieso que yo si –le señaló unos libros que llevaba en la mano -¡Pero no se lo digas a nadie o tendré que matarte!. Tengo una reputación que conservar.
-De eso quería hablarte.
-Ay por dios ¿vas a ponerte seria, melodramática y en plan mega-responsable? –ella asintió -¡Pues yo también! ¡Estás faltando a muchas clases hoy! ¡Te vi en el pasillo en la primera hora y ahora esta! ¡Muy mal!
-Que…
-¡Muy mal!
-Juro ponerme a llorar después, gritaré subida en la torre más alta “Mea culpa, me arrepiento Haley” durante inco horas, pero ahora callate y dejame hablar.
Seis.
-¿Qué?
-Seis horas –le dijo Hayden.
-Cinco y media.
-¡Seis, maldita hereje!
-¡Ah, cállate ya, los dos sabemos que no lo voy a hacer!
-Lo intuí porque en Haley no hay torres.
-Si hay, inculto. Hay dos castillos.
-¿En serio?
-Sí. Muy en serio.
-Vale, habla, te escucho.
-Hayden ¿no te gustaría tener …novia?
-¿Una chica histérica y celosa que me siguiera a todas partes y no me dejara vivir la vida?
-No –respondió Mel –Me refiero a una chica que te quiera por lo que eres y por lo que no. Que te respete, que te escuche cuando estés solo.
-Un perro.
-¿Sabes que eres odioso?
-¡Un perro puede hacer todo lo que has dicho!
-¡Tu reputación da asco! ¡Se rumorea que sales con una chica diferente cada noche! ¡Que vas de fiesta en fiesta y si no hay, la organizas tú! ¡Que no te tomas nada en serio! ¡Deja de sonreír, lo que digo es malo, debería hacerte sentir mal!
-¡Oh, vamos, Mel! ¡Yo era el competidor directo ¡directísimo¡ de Jensen y ahora que él está fuera de juego, soy el número uno!
-Vale, además de que la mayoría de veces todo eran rumores y no era nada cierto, a Jensen no le gustaba que se hablara de ese modo sobre él. ¡Pero tú pareces estar disfrutando!
-Pecador –dijo levantando el dedo índice.
-¡Y tienes talento, podrías impresionar a las chicas con eso! ¡Eres muy atractivo, podrías aprovecharlo de otro modo!
-Oye, solo quiero divertirme ¿para qué quieres….? No estarás ligando conmigo ¿verdad?
-Si, Hayden, estoy loca por ti, te amo, cada noche te pienso y lo de Jensen es una tapadera.
-¿Entonces porqué criticas mi estilo de vida? ¡Soy feliz!
-No lo eres, juegas a que lo eres, pero no lo eres –él suspiró – Escúchame, sé que eres un buen tipo. Alguien que te admira mucho me estuvo explicando que ayudas a muchos estudiantes de primer curso, que eres voluntario en muchas organizaciones…
-Que tengo una capa roja que alterno con la mascara a rayas….
-¡No me importa si también eso son rumores!
-No, puedo volar, en serio.
-Idiota, me refiero a lo de ser voluntario –dijo Mel entrecerrando los ojos –Alguien cree en ti.
-¡Espera! ¿Todo esto es por una chica? ¡Oh, Mel! ¡Vamos, Mel! ¡Tú lo has dicho, salgo con muchas chicas y algunas pues se quedan embobadas! ¡Es mi don!
-De acuerdo, me rindo: hablar contigo, Hayden es…. frustrante.
-¡Está bien! ¿Quieres llevarme por el buen camino? ¡Te escucho!
-¿De verdad?
-Sí. Pero no digo que vaya a dejarme guiar, solo voy a escucharte.
-¡Me parece bien!
-Increíble, el año pasado ni me mirabas a la cara y este vas a darme lecciones sobre como ser correcto.
-Lo sé, soy genial, evoluciono de una manera y a una velocidad que asusto ¿verdad?: algún día llegaras a ser como yo, pero aun no, joven aprendiz, aun no.
-Estás loca.
-Pero se me quiere igual ¿vamos a sentarnos en la sombra de ese árbol?
-Me encanta tu método: vas a darme lecciones sobre cómo ser mejor persona y me haces faltar a una clase.
-Mis métodos no acaban de ser perfectos, quizás –sonrió ella.
-Ya, pero se te quiere igual.
-Ajá –dijo ella riendo por lo bajo.

lunes, 26 de enero de 2009

Capitulo 36

36.

Nelya bajaba los escalones caminando al lado de Elijah, dirigiéndose hacia la otra aula, cuando Helen se interpuso en el camino de ambos parándose frente a ellos.
Tenía los tirabuzones cayéndole sobre los hombros y sus ojos azules chispeaban de rabia. Enelya frunció el ceño preguntándose qué ocurría, pero Helen solo miraba a Elijah, muy enfadada.
-Si te quedas en medio obstruyes el pasillo –le dijo Elijah con indiferencia, sin mirarla a la cara e intentando pasar por su lado, pero Helen levantó la mano y le agarró del brazo.
-Tenemos que hablar.
-Contigo no tengo nada de que… –hizo un gesto brusco para que le soltara y la miró concluyendo su frase– hablar.
Helen miró a Enelya que sintió como si tuviera que esconderse debajo de una mesa.
-Creo que si deberías. Y tu amiguita, Mel. ¿Dónde está?
-No tengo tiempo para ti, Helen, de verdad.
-Es algo serio.
-Algo que tiene que ver con Bianca, otra vez ¿no?
-Dile a Mel que se reúna en el ático, contigo, a las 10. Os esperaré allí –volvió a mirar a Enelya y se alejó.
Elijah siguió bajando los escalones hasta que llegó al pasillo, donde Enelya le alcanzó.
-¿No te intriga? –preguntó ella.
-Ni lo más mínimo. Todo lo que tenga que ver con Bianca o cualquiera de sus amigas del club “vamos a joder la vida de los demás para que las nuestras parezcan mejores” no me interesa. Tengo cosas más importantes en las que pensar como en cómo en si presentarme o no a eso de los modelos ¿me ves con aptitudes?
-Te veo brillar y con alas, cariño –dijo ella sonriéndole y abrazándose a su brazo –No soy un punto de vista imparcial.
-Gracias –le sonrió él besándola.
-Dais asco –dijo Zoey parando frente a ellos, que la miraron.
-¿No eras el ser más feliz del mundo el año pasado, cuando estabas con tu hermoso Hayden? –le preguntó Elijah mientras rodeaba la cintura de Enelya con su brazo.
-¡Puntualicemos! –dijo Zoey levantando el dedo índice como si señalara el techo -¡”Era”! –entrecerró los ojos – Fui una más en su lista de “muchas”. ¡Es un Don Juan! ¡Un conquistador¡ Y no puedo reprochárselo porque es tan, tan, tan, tan, taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa….
-¡Zoey! –exclamó Elijah mientras Enelya reía.
-...guapo –concluyó Zoey.
-Hiciste bien en dejar la relación, Zoey –le dijo Enelya con una sonrisa de complicidad – Aunque te guste mucho, no debes rebajarte a ser “una más”.
-¡Y debería sentirme mejor y todo eso¡ ¡Pero mira mis hombros, caídos como las cascadas del Niágara! ¡Mi animo, mi corazón, TODO YO, soy un subsuelo! He pasado el peor de los veranos, esperando verle este año por las clases, pasillos ¡en mis sueños!: no puedo odiarle porque ya sabía que no íbamos en serio y no puedo dejar de quererle porque ¡le amo!
-¿Has probado de hablar con él? –le preguntó Enelya al tiempo que Elijah miraba la hora de su reloj.
-No. Y no puedo. ¡No tengo nada que decirle! Estuvimos juntos y fue lo mejor que me ha pasado jamás…. Aun puedo sentirle cerca, oler el aroma de su piel…
-¡Zoey! –volvió a interrumpirle Elijah.
-Estoy enferma.
-Pues…
-No seas cruel, Elijah –le regañó Enelya.
-Puede tener a quien quiera. ¡A quien quiera!...Y a mí ya me tuvo. ¡Y no pude retenerle a mi lado!
-Creo que le dejaste sin siquiera plantearle si podrías ser su novia –le dijo Elijah.
-¡Para vosotros es tan fácil¡ ¡Miraos¡ ¡Dais asco¡ No, es mentira, dais envidia: mierda, soy una miserable.
Zoey notó como alguien apoyaba una mano sobre su cabeza con suavidad y vió a Jensen sonriéndola.
-¿Qué haces lloriqueando por los pasillos como si no tuvieras dignidad? –le preguntó él.
-¡Soy un ser vacío, no tengo dignidad ni amor propio! –exclamó sollozando exageradamente abrazándole con efusividad.
-¿Quieres que vaya a meterle una paliza a Hayden? –le preguntó Mel.
-No la alientes –le dijo Elijah.
-Podrías hablar con él –sugirió Jensen. Zoey se apartó y se secó unas lágrimas invisibles con el brazo- O ir a ver un loquero… -Mel le dio un codazo –Era broma. Lo sabes ¿verdad?
-Ni se acordará de mi nombre. Ni de que estuvimos juntos en la noche de la representación de teatro.
-La noche de la carta rosa –dijo Elijah en un susurro – por cierto, Helen quiere vernos a ti y ami, Mel. En el ático. A las diez.
-¿Quién es Helen? –preguntó Mel.
-Una del grupo de Bianca –le explicó Elijah- Pero no hace falta que vayamos, si no quieres.
-Es una de sus intimas amigas, van juntas a casi todas partes –agregó Jensen – Deberíais ir.
-Pienso igual –dijo Enelya.
-¿Y qué tengo que ver yo con ella? –preguntó Mel abriendo sus ojos.
-Oye ¿sabes qué? –interrumpió Zoey –Quizás si que deberías ir a darle una paliza, por ser tan cruel inconscientemente. Es cierto, yo sabía que era un galán, sabía que no era nada serio, creía que podría conformarme con estar con él un tiempo breve y sabía que no me amaba. Pero una paliza..
-No habrá palizas, Zoey –le aseguró Jensen.
-¿Ni un empujoncito? –él negó con la cabeza y ella sollozó de nuevo abrazándole.
-Creo que voy a ir –dijo Mel. Zoey la miró soltando a Jensen casi de un empujón.
-¿A darle una paliza?
-No. A verme con Helen.
-Yo te acompañaré –dijo Enelya.
-Entonces también vendré yo –dijo Jensen.
-Estáis ignorando mi problema –musitó Zoey.
-No, creo que es mejor que vayamos solos –puntualizó Elijah pensativo –A saber qué demonios quieren.
-Y tú –dijo Jensen señalando a Zoey – no tomes más cafés. Vas acelerada.
-Vamos a llegar tarde a clase –dijo Mel arqueando una ceja.
-No se hable más… -dijo Enelya.

jueves, 22 de enero de 2009

Capitulo 35

La terraza de la cafetería tenia mesas de piedra, recordando a los jardines de principios de siglo, con unos bancos de mármol. Las mesas eran pequeñas y redondas. La hierba crecía alrededor del local, un césped un poco más largo de lo normal, pero daba un toque romántico que a los estudiantes parecía gustar.
Mel apoyó sus manos sobre sus rodillas dejando a sus pies la mochila medio vacía. No levantó la mirada del suelo hasta que el silencio se hizo demasiado obvio, así que dirigió una tímida e insegura mirada hacia Jensen que la observaba sin pestañear.
-Soy pobre como una rata –dijo ella con cierto tono dramático – No sé cómo voy a conseguir pagar los libros y no sé cómo pagar el alquiler de este mes. De hecho no sé cómo voy a llevar a final de mes. Soy pobre, una mísera rata pobre…
-Es lo que estabas mirando en el pasillo, por lo que no entraste a clase –Mel asintió- Pide una beca.
-No me la concederán.
-Pide una beca –repitió él y ella le miro arqueando una ceja.
-No me la concederán.
-Pídela –le dijo él.
Ella suspiró por lo bajo; demasiado sexy.
Pero no era momento de pensar en eso.
-¿En tu nombre?
-No, tonta –sonrió él –Pero te la concederán después de que hable con ellos. Y después pide una habitación en la residencia, para instalarte a principios de mes. Puedes pedirla individual o con compañera, elige tú misma. Ellos avalarán tus gastos, no te preocupes.
Mel no dijo nada, pero se le cristalizaron los ojos y bajó la cabeza.
-Gracias –musitó embriagada de felicidad. Se sentía apoyada, salvada. No estaba muy acostumbrada a ese sentimiento, pero era demasiado bueno y sus emociones se transformaron en lágrimas invisibles.
-Pero tienes que enseñarme dónde vives.
-¿Ahora? –preguntó mirándole.
-Quiero conocer tu vida. Lo que eres, lo que tienes, lo que sientes.
-¡Un apartamento de una habitación con humedades en el techo y una nevera vacía¡
-Aun así –dijo él apoyando suavemente su mano sobre la de ella, apoyada sobre su rodilla. Mel la miró y sonrió-No debes juzgarte de ese modo. Por lo que tienes o anhelas tener –Mel le miró – Eres una persona magnifica y no debes esconderte. Ni de mí ni del mundo.
-No me escondo de ti… -Jensen apartó su mano de ella.
-Lo haces. Pero no entiendo porqué Marck tiene el derecho de entrar en esa parte de tu vida, la más intima, y yo no.
-¿Marck?
-Marck-dijo con cierto hastío él.
-Marck me ayudó cuando no tuve a nadie, solo es eso. Es como un hermano.
-Le gustas.
-Sí. Pero él a mi no. Además, es más una broma que otra cosa, no le tomo en serio, sabes como es.
-¿Hay algo más que deba saber? –preguntó Jensen mirándola a los ojos –No quiero más secretos, ni misterios…Somos más que amigos y debería notarse ¿no crees? Deberíamos tener la suficiente confianza el uno con el otro para…
-¿Qué pasa con Erika? –le interrumpió nerviosa Mel -¿Y cuando tus padres sepan que soy pobre como una rata?
-Erika no es un problema. Ni mi padre, ni Claire.
-¿Sabes Jensen?, me encanta estar aquí, hablando contigo. Aun no asimilo mi suerte…
-¿Tu suerte?
-¿Tú te ves?; eres muy modesto, amable con todo el mundo, paciente, inteligente, rico y popular, querido por todo el mundo… Si no es suerte dime ¿qué tengo?
-Vas a hacer que me ponga de mal humor –dijo él desviando su mirada. Ella arqueó una ceja.
-No te entiendo. ¿Qué dije?
Jensen la miró.
-No necesito que me admires. Ni que me idolatres. No quiero que veneres mi forma de ser como si fuera un extraño dios del olimpo o qué se yo. Porque soy persona, soy débil y tengo defectos.
-Eres un dios.
-No bromees, hablo en serio –le dijo él con suavidad –Solo quiero que me ames. Nada más.
-¿Acaso crees que no te quiero?
-A veces parece como si adoraras a un dios, en lugar de a tu novio.
-Bueno, quizás porque mi novio es un dios.
-No soy capaz de mantener una conversación seria con mi padre. Ni soy capaz de conseguir que me tomen en serio, nunca. No permiten que luche por lo que quiero, me lo dan y me siento tan estupido… Lo único que tenía era el negocio del padre de Elijah y ya no lo tengo. Todos quieren decidir por mí: ir a mil fraternidades, apuntarme a algún club de deporte, buscarme una esposa…lo…odio –dijo con tristeza más que con furia.
-¿Te sientes así conmigo?
-Así ¿cómo?
-No sé…frustrado –dijo buscando una palabra.
-No –respondió él sonriendo – Ni mucho menos.
-No sabia que sentías eso –dijo Mel pensativa-Así que eres persona ¿lo dijiste así, no?
-Me gusta tu sentimiento de superación. Cuando no te rindes y avanzas aunque sea arrastrándote. Desapruebo que te maltrates tanto pero entiendo tu insistencia en mantener tu independencia y no pedir ayuda a nadie, pero quiero que entiendas que ya no tiene porque ser así. Somos dos.
-Cuando te pones tan serio me resultas intimidante.
-Cuando te ruborizas cuando crees que no te veo, me pareces irresistible
Mel se sonrojó y desvió su mirada.
Un sonido hueco les hizo desviar su atención.
Era Zoey que dejaba caer su maleta al suelo, juntos con la de Mel.
-¡Primer día y llego media hora tarde! –se sentó al lado de Jensen que la miró sonriendo-¡Mierda¡ ¿A vosotros también os pasó?
-No- dijo Mel, sin recordar haber hablado con ella nunca. Pero estar en el círculo de amigos de Jensen parecía conllevar ser del grupo de todo el mundo. Mel se quedó pensativa un segundo: así que eso era lo que se sentía cuando todo el mundo te aceptaba.
Pero Zoey no era clasicista, más bien era amble con todo el mundo. Nerviosa y despistada pero soberanamente cariñosa. Tenía le pelo largo y castaño, una piel morena y una voz suave. Mel pensó que quizás no se había acercado a ella porque Mel no dejó que se acercara.
Era igual, ya no importaba: era el pasado. Su corazón latía demasiado fuerte como para pensar. Miró a Jensen de reojo, aun ruborizada.
-¿Conocéis a alguien que necesite un compañero de habitación? –dijo Zoey -¡estoy desesperada!
-¿Por qué esperas siempre al ultimo minuto? –le regañó Jensen con suavidad.
-¡Es el maldito minuto que no me espera a mí! –sollozó Zoey -¡Dios mío, pellízcame!
-No quiere que le llamen dios –dijo Mel y Jensen la miró haciendo una mueca.
-Vale. No entendí el chiste –dijo Zoey –Pero por si interesa, lo dije porque por allí llega el coche que lleva dentro al chico más guapo del mundo.
-¿Hayden? –preguntó Jensen mientras Mel se giraba hacia los aparcamientos-Creía que habíais salido juntos una temporada….
-Y fue ardiente y mágico, no sé si me entendéis….
-¿Ardiente? –preguntó Mel y Zoey la miró.
-No seas infantil, pequeña mía: ardiente en todo el esplendor de la palabra –Mel se sonrojó – Pero lo dejamos.
-Estoy seguro de que tu historia con Hayden es efusivamente interesante –dijo Jensen levantándose –Pero tenemos que ir a la siguiente clase.
-¡Odio que seas tan condenadamente responsable! –se quejó Zoey levantándose también-Por favor, si existe un dios hará que coincidamos en clase….
-Enelya y Elijah nos esperaran, es mejor ir a clase –dijo Mel levantándose.
-¿Están saliendo? –preguntó Zoey con curiosidad -¿En serio?: me lo pierdo todo ….
-Vamos charlatana –le dijo Jensen empujándola un poco.
Mel les miró riendo por lo bajo.

martes, 20 de enero de 2009

Capitulo 34

-¿Hola?
Elijah no hizo caso del interrogante saludo, hasta que notó que alguien le tocaba el hombro.
Se encontraba en la parada del bus, esperándolo con paciencia. No pensaba en nada, aquella vez no.
Era feliz y lo disfrutaba.
Al girarse hacia su derecha se encontró a una mujer de aspecto cuidado y aventurero, como si hubiera salido de un catalogo para mujeres con experiencias fuertes: Indiana Jones en versión femenina. Más elegante, menos…”Indiana”.
Tenía el pelo recogido y el flequillo rubio caía sobre su rostro. Bien maquillado, con unas gafas de concha ancha.
Sujetaba una carpeta y llevaba una mochila pequeña en forma de bolso.
-¿Hola? –dijo él. Ella extendió su mano y el la miró extrañado.
-Hola, perdona, soy Alice Keyers… -Elijah estrechó su mano sin saber qué hacer – Trabajo para una empresa publicitaria, oh bueno, en realidad soy fotógrafa –hablaba muy deprisa, con acento newyorkino pero claro y agregó casi sin coger aire – Fotografío modelos.
Elijah asintió como quien dice “ah, bueno…”
Se quedaron en silencio y él arqueó una ceja.
-Elijah –dijo para romper el silencio.
-Un nombre interesante.
-Gracias.
-verás, te estaba observando y creo que tienes unas características interesantes para ser modelo ¿te lo has planteado alguna vez?
-No –dijo casi riendo y ella le ofreció una tarjeta. Elijah la miró y la cogió mirando aquel trozo de cartulina como si fuera algo de otro planeta. Y la miró –Ah, gracias pero no me interesa yo…
-Estoy aquí por un negocio, no creas que soy una loca o algo así…
-No, claro – ni mucho menos: ¿por qué iba a pensarlo cuando él era un imán de locos?
-¿Conoces a Felipo Andagi?
-¿Quién?
-El famoso modelo…
-¡Ah si! –mintió él y estuvo tentado en mirar la hora de su reloj: el maldito bus debía estar confabulado con ella.
-Puedes venir a mi estudio, te haré unas fotos ¡gratis!
-No, de verdad yo…
-Tienes talento, muchacho –interrumpió ella con seriedad. Le miró a los ojos y dicho –Tienes ese chic.
-¿Chic?
-Podrías viajar a las ciudades más importantes, codearte con la gente de moda, imponer tu propia tendencia, ya sabes, llevar algo antes que nadie y ponerlo de moda. Piénsalo o mejor, no lo hagas. Y ven a mi estudio –le guiñó un ojo y cruzó la calle.


Enelya levantó la mirada hacia el edificio y suspiró.
-¡No te quedes parada en medio! ¡Despierta! –dijo un chico pasando muy cerca de ella montado en un monopatín.
La Facultad.
El regreso.
Gente de todas clases sociales y religiosas. Grupos de chicas perfectas y personas que deambulaban solas, como si un imán las atrajera hacia la boca del edificio.
La entrada de la Facultad era impresionante pues tenía un gran jardín y el césped siempre estaba limpio y verde. Unos escalones anchos y gigantescos te permitían acceder al enorme castillo que guardaba en su interior aulas y residencias.
Atravesando el primer edificio –lleno de pasillos, escaleras y aulas - podías salir al patio principal, conocido como el “Central Parck” por ser extenso, verde y lugar de reunión de muchos estudiantes que dejaban pasar allí sus horas libres, sus momentos de entrenamiento individual, sus juegos en grupo o incluso se dejaban ver algunas parejas haciendo muestras detalladas de su amor.
Más abajo se encontraban las residencias, rodeadas por caminos anchos, jardines y tradición. Las casas de las Fraternidades eran altas, elegantes, románicas en su mayoría.

Era una selva, un lugar en el que no debías perderte. La gente iba a un ritmo y tú debías seguirlo, sino, malo.
Las exigencias del cumplimiento de las normas, los interminables trabajos para casa, los exámenes insuperables, las clases largas y difíciles…en aquellas aulas grandes, donde el eco con la voz del profesor, se perdía en las esquinas.

Enelya se apartó del pasillo y se escondió en una de las esquinas que hacia hueco para subir las escaleras y llegar al segundo piso. Sujetaba los libros con los brazos, como si fueran un escudo. Y la gente andaba de un lado a otro, con certeza, con seguridad, sin mirarla, sin prestar atención a nada que no fuera su mundo.

Suspiró, porque había olvidado todo aquello: pero pronto estaría en clase, donde se sentiría segura. Con amigos, con conocidos. Y con su novio.
Tendría que haber quedado con él, fue estupido pensar que no hacia falta. Se maldecía por decir “No, tranquilo, nos veremos allí”
¡Con lo bonito que habría sido empezar juntos, entrar en el edificio de la mano!
Que las demás vieran que él era su novio. Se acabaron las bromitas, niñatas; ni roces, ni preguntas tontas, ni tocarse el pelo cuando se habla con él.

La risa explosiva del grupo de las animadoras la hizo girarse; eran magnificas y llegarían muy lejos.

-Pareces un extintor.
Enelya se giró hacia atrás y vio a Jensen parado detrás de ella.
-Joder, cuanto me alegro de verte –dijo ella.
Enelya le miró: parecía encajar tan bien en aquel lugar que daba miedo.
-Un extintor mal hablado –dijo él.
-¿No has venido con Elijah?
-No. Dijo que vendría en bus, porque es como idiota, pero sin el como.
-No es el único –musitó ella.
-No se juntan que no se parezcan –rió Jensen y Enelya le empujó un poco -¿Sabes qué? Me han pedido que supervise las clases del profesor Thomas –dijo empezando a subir las escaleras. Enelya le siguió hasta conseguir colocarse a su lado.
-¿Supervisar sus clases?
-Ayudarle. Ser ayudante de un profesor es algo muy bueno ¿sabes?
-¡Ya lo creo¡ -suspiró Enelya -¡Eres como un mini profesor! ¿Y darás clases cuando él tenga reuniones o algo así?
-Me están persiguiendo los del equipo de Hockey y encima los de la Fraternidad no dejan de acosarme. Estoy cansado y no es más que la primera hora.
-Das asco –le dijo Enelya justo en el momento en el que un grupo de personas aparecieron de la nada y la empujaron casi hasta el piso inferior.
Un codazo, dos pisotones y un arañazo después, se encontraba dos escalones más abajo.
-¿Qué haces? –preguntó él desde el pasillo de arriba, a pocos escalones de ella –Estás como idiotizada…
-Ya –ella subió los escalones – Pero sin el como –agregó llegando a su lado.
-¿Estás bien? –ella asintió – No sé si tenemos la primera hora juntos, pero me da miedo dejarte sola.
-Estoy bien, solo que estuve tan nerviosa ayer que no me preparé psicológicamente para la vuelta. Pero estoy bien.
-¿Segura?
-Sí, vamos –dijo empezando a caminar -¿Y Mel?
-Tenía que arreglar unos papeles, esta en la secretaría.
-¿Vinisteis juntos? –preguntó mirándole, sin dejar de caminar.
-No. No se deja acompañar, vino con Marck. ¿Te he comentado que odio a Marck?
-Son celos.
-Es odio. Puro, negro y malvado. Le odio.
-Pues hoy acompáñala a su casa: que no se te escape.
Entró en el aula.
Ciento seis sillas, colocadas en forma de semicírculo, de forma que subía y subía. Unas mesas de madera con los ordenadores portátiles abiertos, listos para la acción.
El profesor colocando el micrófono y algunas diapositivas.
-Mira que bien…-dijo él. Enelya le miró. Jensen estaba mirando una hija de papel, parado en la entrada, mientras los demás alumnos iban entrando. Ella se paró cerca de la primera mesa-Tengo clase contigo, te haré un favor y me sentaré a tu lado.
-¿Lo tienes apuntado en una hoja de papel….? –él la empujó para que empezara a subir las escaleras que llevaban hacia los pupitres de arriba.
Enelya se sentó y miró a su derecha, donde tocaría estar Elijah: ¿dónde se había metido?
-Han actualizado la versión del ordenador, que bien –dijo Jensen tecleando.
-¿Y Elijah?
-Aquí –dijo Jensen. Enelya le miró frunciendo el ceño mientras su amigo se tocaba la punta de la nariz.
-Parece como si todo lo que vivimos hasta este momento formara parte de un recuerdo muy lejano ¿no te sientes así?
-No. Tengo sueño. Mucho sueño. Deberían dejar que las clases empezaran a las diez y media. –apoyó su cabeza sobre su brazo, reclinándose un poco sobre la mesa –Y dejar que fuéramos en pijama.
-¿Esa no es Jessica? Ha adelgazado. Además no está con Bianca y ella siempre iba con Bianca. Mierda, tendría que entrar a formar parte del club de animadoras de la Fraternidad o algo así. Sería popular, bonita y con algo de interés. Quiero ser como Jessica.
-Y que nos dejaran llevar zapatillas de ir por casa, o de peluche.
-A veces siento que hablar contigo es como hablarle a la pared.
Enelya miró hacia atrás.
Había algunas caras nuevas y algunas de las chicas la miraban con atención.
Enelya volvió a mirar hacia delante.
-Estate quieta, me vas a poner nervioso a mí.
-Me están observando: este año también vas a ser popular. Y me odian. ¡No me conocen y ya me odian!
-No te odian, sienten curiosidad.
-¡No te gires¡
-¡No iba a girarme¡
-Ibas a girarte y a saludarlas con la mano, lo sé. No te muevas. No sé si llamar a Elijah, empiezo a preocuparme.
-¿Elijah tiene un Marck que vaya pegado a él día y noche, que aparezca siempre, que te reemplace en los momentos menos oportunos?: entonces no te preocupes.
-¡Dios mío, por fin! –Enelya se levantó y movió el brazo ligeramente. Elijah sonrió y fue hacia ellos.
-Gracias, eso no ha dolido –dijo Jensen mientras Elijah llegaba.
-Sabes que adoro tu compañía pero no te amo.
-¿Entonces tengo que dar gracias de que no me hayas pasado por encima? –preguntó Jensen mientras Elijah pasaba por detrás suyo.
-Siento llegar tarde –dijo dejando la mochila en el suelo, sentándose a la derecha de Enelya que le miraba sonriendo y feliz-Me ha ocurrido algo increíble cuando venía, os lo contaré después.
-Me alegro de verte –dijo Enelya tentada por darle un beso pero había demasiados ojos. Él la miró y le apartó el pelo de la cara diciendo con cariño.
-Yo también.
El profesor miró hacia los alumnos. Llevaba una chaqueta gastada, de lana. Unas minúsculas gafas para una cara redonda.
-¿Podría apagar la luz? –le preguntó al joven que se encontraba cerca del interruptor.
-¡Joder! ¡Mierda! –exclamó por lo bajo Jensen mientras se levantaba y bajaba las escaleras como un rayo. Llegaba a la puerta justo antes de que las luces se apagaran.
-Soy el profesor Mathew Arbonac. Y no tolero los retrasos, si van a llegar tarde, no entren. Las faltas son injustificables, si se encuentran mal, vengan a no ser que tengan que estar hospitalizados. No tolero las interrupciones. Algunos ya me conocéis del año pasado. Están en la Facultad, no en la sala de recreos. Se les asignará un sitio, pueden quedarse en el que está, pero no se cambien. Y ahora pasemos a repasar lo que será el temario de este curso.

Se oían las voces provenientes del Central Parck, pero los pasillos estaban vacíos.
Jensen se detuvo frente a la puerta de la secretaría y miró a los lados.
Cerca de una de las taquillas que daban al exterior, se encontraba Mel, leyendo unos papeles.
-¿Estás bien? –le preguntó él, sin moverse. Ella levantó la mirada –Llegas tarde, bueno, llegamos tarde. ¿Por qué no has subido?
-¿Has salido de la clase? –preguntó ella acercándose a él.
-¡No estabas allí! ¡Y si interrumpes a Arbonac es muy capaz de expulsarte!
-Mi caballero de brillante armadura –dijo ella abrazándole.
-¿Estás bien? Estás helada… -dijo abrazándola con suavidad.
-¿Y tus cosas? –preguntó Mel apartándose un poco.
-En clase.
-¿Saliste muy deprisa?... lo siento.
-No importa, esta hora nos irá bien para hablar.
-¿Hablar?
-Hablar –dijo tomándola de la mano.

sábado, 17 de enero de 2009

Capitulo 33

Mel se sentó en el columpió balancín del parque y observó como las nubes iban apoderándose del cielo.
Era un invierno poco lluvioso pero el frío empezaba a hacerse notar.
¿Así que ya había terminado el verano?
Elijah y Enelya debían estar atontaditos, juntos, diciéndose tonterías: ¡que monos!
Su móvil sonó y lo miró sorprendida ya que no esperaba ninguna llamada.
Descolgó.
-¿Sí?
-Había pensado en decirte que nos viéramos en tu casa pero me he dado cuenta de que no sé dónde vives ¿y sabes qué más? –ella miró el móvil y frunció el ceño acercándoselo al oído otra vez.
-¿Jensen? ¿Desde dónde me llamas?
-¡También me he dado cuenta de que jamás fuimos a tu casa! ¡Ninguno de los tres! Una vez salimos de casa de Marks, después de esa discusión y dijimos que iríamos pero no fuimos, nos paramos en el Ñam-ñam. Llamo desde el móvil de Erika, no tengo batería en el mío.
-¿Acabas de conocer a esa chica y ya usas su móvil? –bromeó ella.
-¿Y te das cuenta de lo irónico que resulta que te llame a ti, desde su móvil? –Mel sonrió –Tenemos que hablar. Todos.
-¿Ahora? Pero…
-Inmediatamente.
-Estoy en el parque.
-Llama a los demás, diles que vayan allá. Estaré en veinte minutos –guardó silencio unos segundos –Veinticinco, dice Erika que tiene que pararse en no sé dónde.
-¿Erika? –preguntó Mel levantándose.
-Este es un caso para el Equipo-Wood, así que ya sabes, llama al jefe –Mel sintió que se asfixiaba: no iba vestida para hacer frente a una persona como Erika. Su pelo estaba estropeado y cien mil cosas más que estaban mal en ella. ¿Para qué demonios la traía? ¿Ahora iba a ser del grupo? –Ah cariño, escucha, necesito que me hagas un favor.
-¿Cariño? –dijo ella sentándose de nuevo.
Cariño.
No importó lo que vino detrás de aquella palabra.
Le había dicho “cariño”, de forma natural, como si estuvieran saliendo desde hacia mucho, como si hubiera plena y total confianza.
Joder, pensó ella, cuanto le quiero.

Elijah se acercó a Enelya con un té caliente y ella lo acogió con sumo cuidado; era un detalle de parte de su querido novio.
El apartamento estaba en silencio pero ella oía música en su corazón.
Unas velas alumbraban el lugar, las sombras que se dibujaban eran finas y juguetonas.
La mesa en la que estaban celebrando el té era pequeña lo que les permitía más intimidad.
-Gracias –dijo ella sin dejar de mirarle. Le pareció que él se sonrojaba y ella se ruborizó sonriendo.
Recordaba perfectamente el tacto de su mano en su piel, de aquella vez en que jugaron en el sofá. Lo extrañaba y en cierto modo, lo anhelaba.
Pero no se atrevía a decírselo.
¿O quizás si?: que dejaran el té, las flores, las miradas….y se sentaran en el sofá, aquel sofá mágico que permitía que ocurrieran cositas.
-¿No está sonando tu móvil? –le preguntó él.
-¿Qué? –preguntó ella y como si despertara oyó la melodía de su móvil. Se agachó y recogió el bolso de sus pies, para sacar el móvil –Es Mel.
-¿Habrá pasado algo? –preguntó preocupado Elijah. Enelya se encogió de hombros y descolgó.
-¿Sí?
-Hola, soy Mel: lo siento.
-Tranquila –dijo Enelya sonriendo -¿Qué pasa?
-Pasa que tengo un novio estupido, eso pasa.
-¿Qué?
Mel se pasó la mano por la cara y suspiró antes de decir:
-Quiere que nos reunamos en el parque, todos, ahora. Y trae a Erika: ¡me trae a Erika! ¿Cómo se supone que he de hablar a esa chica? ¡Enelya estoy en pijama, bueno, prácticamente! ¡Ya me viste! ¡No puedo enfrentarme a eso, yo…!
-Oye si quieres di que no podemos ir.
-¿Lo harías por mí? –preguntó Mel.
-Dile que no te cogí el móvil y después ya hablaremos con él, tú no te preocupes. Dile que no hay reunión posible y que esperé a otro día.
-Eres una diosa.
-Lo sé –sonrió Enelya -¿Por lo demás todo bien?
-Sí, pero te cuelgo o no me dará tiempo a avisarle…Gracias.
-De nada –dijo Enelya.

Mel miró su móvil; se quedaba sin saldo.
No solo del móvil, sino de todo; de casa, de comida…. Tenia que encontrar trabajo pronto.
Remarcó el número y esperó.
-No me lo cogen –dijo Mel –Ah, em ¿Jensen? –preguntó ella recordando que no era el móvil de su novio.
-Sí, aun soy yo. –Mel suspiró - ¿Podemos vernos tú y yo?
-Sigo en el parque –dijo ella. Y la llamada se cortó –Y… ¡móvil muerto! –suspiró guardándolo en el bolsillo –Rata. Soy una rata. Voy a tener que ir mendigando por la facultad. ¡Ay mierda, si es que…! –guardó silencio unos segundos –Joder, espero no haber molestado a Elijah y a Enelya –Mel levantó la mirada lentamente y vió como una pareja la miraba: si, estaba hablando sola, sentada en un columpio. Ella sonrió forzadamente y la pareja huyó – Genial.
Mel miró la hora.
Se balanceó un poco y empezó a pensar en alguna excusa para no ir al pequeño apartamento alquilado, que era como una caja de zapatos. Literalmente.
-¿Mel? ¿Eres tú? –Mel miró a los lados y acercándose a ella vió a un chico -¡Si, eres tú! ¿Me recuer…? Ya veo por tu cara que no.
-Lo siento… -se disculpó ella levantándose.
-Voy contigo a la Facultad, coincidimos en una de las clases, aunque somos 60 alumnos, pero tú y yo coincidimos en un trabajo de grupo. Me acuerdo de ti porque no hablabas nunca.
-Buen recuerdo –él rió por lo bajo-Me recuerdas por el cartel de monja que hizo Bianca ¿verdad?
-¡No, en serio! ¡Hablabas muy poco! ¡Pero siempre sonreías! ¿La del cartel eras tú?
-No.
-¡Yo era el rubio de pelo vicioso, un poco más largo que ahora, me lo corté! –dijo pasando su mano enfundada en un guante por la cabeza- El del acento raro… ¡Oh! ¡Vamos! –dijo empujándola levemente, casi sin rozarla – ¡Sé que hablabais de mí!
-Bueno, estuve bastante ocupada durante el curso evitando a Bianca y, ya sabes, escondiéndome del mundo.
-Soy el del nombre raro.
-¿Filadelfo?
-¿Qué?
-Pordócimo –dijo ella.
-No tan raro –dijo arrugando un poco su nariz.
-Felicito.
-¿En serio no recuerdas un nombre poco común?
-Jensen me pareció siempre extraño, aunque bonito, pero no me sonaba.
-¡Sí, yo era el que se lanzaba sobre él cada mañana, a primera hora! ¡Solíamos ser pareja en clase de deporte!
-Yo no iba –dijo Mel apenada.
-¿No ibas?
-No.
-Entonces no me recuerdas.
-Me has dicho que no eres Pordócimo…
-Jesús, no. ¡Eh! –exclamó al ver a Jensen -¡Vaya que casualidad! ¡Hola¡
-No es casualidad .dijo ella con una sonrisa nerviosa.
-¿No? ¿Habíais quedado? ¿Te acuerdas de él y no de mí? ¡Tendré que matarte! –Mel arqueó una ceja –Es broma.
-Lo siento, si te contara mi verano entenderías mi reacción.
-¿Qué haces aquí? –preguntó Jensen sonriendo, acto seguido estrechó la mano del joven que sonrió.
-Estaba de camino a casa de unos amigos y me pareció ver a Mel.
Mel suspiró por lo bajo: nerviosa desvió la mirada y notó un suave roce por la espalda.
Se sintió calidamente bien mientras Jensen pasaba su brazo por detrás de su espalda para atraerla hacia él mientras hablaba con ese chico.
-Estamos saliendo juntos –Dijo Jensen y ella le miró.
-¡Ah, genial¡ ¡Enhorabuena! –dijo el chico -¡Ya me parecía demasiada casualidad! ¿Y Enelya se lanzó a por el ojos-azules?
-Si –sonrió Jensen.
Mel sonrió mimosa. Le encantaba sentirse tan cerca del cuerpo de su novio, notar su brazo en su espalda, sentir como la mantenía cerca, en la conversación, aun sin tener que hablar.
-Pues tu chica no me recuerda -dijo el joven.
-Bueno, la verdad es que no sé cómo te acuerdas de mí… -dijo Mel en un susurro.
-¡Porque nunca hablabas! –repitió el chico casi riendo.
-Fue elegido para representarnos en unas encuestas para un grupo importante de altos mandos –le explicó Jensen a Mel. Ella sonrió porque le maravilló el tono que usó para hablar con ella. Su mirada.
Y de repente se le encendió una luz y abrió los ojos mirando al joven.
-¡Ah, eres tú! –dijo ella señalándole.
-¡Sí! –exclamó el joven.
-Te llamabas…te llamabas… -ambos se miraron sonriendo y el joven arqueó una ceja.
-Hayden –dijo él.
-¿En serio? –preguntó ella.
-Pordocimo era demasiado ostentoso para mis padres.
-¿Pordo qué? –preguntó Jensen.
-¡Cosas nuestras! –dijo Hayden guiñándole un ojo y Mel rió por lo bajo.
-¡Ah, ya veo, ya veo! –dijo Jensen –A ver, Puercocillo….
-Era Pordofilo –le rectificó Hayden empujándole un poco.
-¿Tienes idea de cuándo empiezan las clases?
-¡Que voy a saber! –exclamó -¿La semana que viene? ¿O la otra?
-Que vergüenza –dijo Jensen entrecerrando los ojos -¡Tan poco interés! ¡Una joven promesa como tú! ¡Ahí queda el recuerdo del Puercocillo Canadiense!
-Vale, por hoy ya me basta –dijo Hayden mientras Mel reía – Si tienes mi móvil, llámame cuando lo sepas. ¡Hasta dentro de unas semanas, Mel!
Ella se despidió moviendo la mano.

Capitulo 32

Elijah guardó su móvil en el bolsillo de su chaqueta, que colgaba de la silla del “Ñam-ñam”.
-A dicho que no puede venir –dijo Elijah.
-¡Oh, eres gafe! –le recriminó Jensen cruzándose de brazos.
-Y tú un idiota. Haberle dicho tú que viniera –comentó buscando un camarero -¿Dónde se meten estos gandules?
-Es que no tengo batería.
-¿Ayer no estuviste en tu casa? ¿No pudiste cargarlo? ¡Camarero!...Si, eso es, gira tu maldita cara como si yo no existiera, cretino, vas a ver que propina te dejo, vas a poder vivir de ella un mes entero.
-Ayer estuve toda la tarde con los padres de Erika y Erika.
-¿Es verdad? –preguntó Elijah mirándole -¿Y qué pasó? ¿Hablasteis de la boda? ¿De Mel? ¿Cómo es Erika? ¿Vas a poder convencerla?
-Erika me odia.
-No te calles, sigue contándome.
-Bueno, cuando llegué yo, los padres de Erika no habían llegado. Mi padre me envió al sofá, como a un niño pequeño. Y minutos después aparecía ella y también la “invitó” a que se sentara ami lado, mientras esperábamos que sus padres vinieran. Claire estaba pegada a la puerta y mi padre daba vueltas por el salón. Erika me miró con cara de asesina Ninja.
-¿Por qué?
-“Así que tu eres Erika”, le dije. Y ella me mira, se sienta de lado para mirarme de cara y dice….
-¿Llamaba? –dijo un camarero agachándose al lado de Elijah.
-¡Ah! –exclamó Elijah -¡Mierda, no! ¡Fuera, fuera! ¡Espere, si! ¡Tráigame un refrescante! ¿Qué te dijo?
-Elijah nos reunimos aquí para hablar del nuevo local, estar hablando de esto nos hace perder tiempo, además, creo que has quedado con Enelya más tarde ¿no?
-¿Pretendes dejarme así?
-Se te desorbitan los ojos –le dijo Jensen con sarcasmo.
-¡Y te perseguirán el resto de tus días sino me explicas qué ocurre con Erika¡ ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?
-Pues me dijo…. –entornó sus ojos y agudizó la voz –“No creas que has aparecido en mi vida como un príncipe azul” –Jensen guardó silencio y Elijah arqueó una ceja –creo que ya sale con alguien.
-¿Ah si? –Elijah rió por lo bajo -¡Entonces lo tienes bien!
-El problema son los altos mandos: nuestros padres.
-No conozco a nadie que llame así a sus padres –dijo Elijah mientras el camarero le dejaba la bebida en la mesa -¿Y tú le dijiste que tienes novia…?
-No, llegaron sus padres. Y se pusieron a hablar ellos cuatro.
-¿Y no hablasteis más?
-No.
-¿Cuánto tiempo estuviste ahí quieto, parado, callado, rodeado de planes de futuro, risas y joyas?
-Hm –hizo Jensen pensativo – Unas cuatro horas.
-¡Oh, dios mío, tu paciencia alcanza limites sobrehumanos! ¿Y no te ponía nervioso oírles? ¿No te apetecía hacerles callar?
-No me preguntaron.
-Ah, claro. Si no te preguntan igual hasta tienes nietos. Pero no pasaría nada, claro, porque no te preguntaron.
-Exacto –asintió Jensen.
-Estaba siendo irónico o sarcástico.
-Ya lo sé –sonrió su amigo – Erika me dio su móvil, así que esta tarde quedaremos en el puerto y hablaremos.
-¿Y porqué no me lo dijiste antes?
-Porque te ves muy cómico estando tan nervioso. Aparentas mucha calma, pero eres un nervio.
-¿Hay algo más que contar? –miró la hora de su reloj - ¿Detalles?
-No.
-¡Vale, entonces pasemos al siguiente tema¡ ¡El local que abriremos! He ido a ver el papeleo y necesitamos un nombre.
-¿Has pensado algo?
-Algo que tenga que ver con el futuro –dijo Elijah – Algo que tenga que ver con hablar, ya que será un local donde la gente podrá sentarse a tomar algo. La idea es que se parezca a la tienda de mi padre. Y que haya discos y cassetes y CDs, ya sabes, de todo.
-¿Futuro? ¿Cómo una semana?
-No…bueno….
-¿Mañana? –preguntó Jensen. Elijah le miró.
-¿Mañana qué?
-Mañana te lo cuento –dijo Jensen abriendo sus ojos verdes. Elijah le miró pensativo.
-Si. ¡Si, está bien! De momento lo cogemos ¿vale? Y ahora hablemos del presupuesto.
-Yo avalo.
-Tu padre no va a querer darte el dinero….
-Es igual, yo pongo el dinero. Es una inversión, ya lo recuperaré.
-…Pues…el tema del dinero tenia que durarnos otra hora…así que….
-Puedes ir volando a ver a tu novia.
-¿Y tú qué harás?
-Voy a dar un paseo hasta llegar al puerto. Quizás Erika llegué un poco antes.
-¿Estás nervioso por hablar con ella?-preguntó recogiendo su chaqueta
-No.
-¿No te interesa saber qué piensa, qué quiere, porqué te odia….?
-Solo sé que por tener que quedar con ella no puedo ver a Mel y las vacaciones se termina y el último año va a ser bestial entre los estudios y el trabajo y la veré menos. Y siento que hay algo que no va bien pero aun no sé qué.
-¿Algo que no va bien? –dijo Elijah dejando la chaqueta en el respaldo de nuevo -¿Cómo qué?
-¿No has notado nunca que es muy…cerrada?
-No. Es muy amable, divertida y simpática. La verdad, una persona excepcional.
-Referente a su vida privada.
-Ah –se quedó pensativo –Bueno….
-Es algo personal, no puedo preguntar yo. ¿O debería?
-No lo sé –Elijah suspiró – No sé. Lo ha pasado muy mal, quizás aun no tenga ganas de hablar de eso o necesite confiar más en ti… Pase lo que pase irá bien. Porque te quiere mucho y tu la quieres mucho.
-Esa respuesta suena a “mi novia me estará esperando, quiero ayudarte pero necesito ir a verla”
-Emmm…
-Ve.
-¡Te llamo después y me cuentas! –dijo levantándose -¡Hasta luego y gracias por entender!
Jensen se levantó con calma y preguntó la hora a uno de los camareros.
Tenía tiempo para pasar por el hospital.
Aun no había hablado de eso con Elijah, ni con Enelya y lo cierto era que no resultaba tan importante. Empezarían a preocuparse y a preguntar y dejarían de tener esos primero momentos juntos para estar a su lado. Cuando no lo necesitaba.
Se acercó a la barra para pagar el refresco de Elijah y apoyó sus brazos sobre la madera fría y brillante de la barra, donde un camarero estaba limpiando unas copas.
-Me habían hablado de este lugar, pero no esperaba que la ciudad de Halley tuviera clase, sobretodo después de ver su puerto –dijo Erika parándose detrás de Jensen.
Él se giró y la miró.
Iba vestida con un vestido ajustado de tirantes, a pesar del frío pero en la alta clase social jamás hacía frío, y sujetaba la chaqueta de piel con ambos brazos. Unas gafas de sol grandes y un peinado recogido muy glamoroso.
Recordaba a las actrices del estilo de Hepburn, tan elegante y sofisticada.
Hablaba pronunciando cada palabra con una entonación y pronunciación impecables, se movía con elegancia, era digno de admirar.
El camarero casi dejo caer su vaso por quedarse mirando a la muchacha que le ignoró, como debían hacer las damas: no relacionarse con la servidumbre.
Jensen sonrió al darse cuenta de que ella personificaba todo cuanto él conocía, sabía y rechazaba hacer.
-Habíamos quedado en el Puerto, agradezco tu interés y lamento la molestia que habrá supuesto hacer turismo por esta ciudad que, seguramente, te viene pequeña –dijo él. Ella suspiró por lo bajo.
-Tu padre me dijo que estarías aquí.
-Se lo dije yo, no es que tenga super poderes o algo así.
-Si estás de buen humor será más facil –miró el dinero que Jensen había dejado en la barra -¿Te ibas?
-A encontrarme contigo.
-Entonces podemos quedarnos aquí. Me parece mejor que el Puerto.
-Bien –ella se giró para buscar un sitio donde diera la luz y él hizo algunas muecas a su espalda –Allí –dijo girándose -¿Qué estás haciendo?
-Ejercicios espirituales para poder concentrarme mejor. Me interesa mucho lo que tengas que decirme.
-¿Este lugar tiene terraza? Creo que necesitare que me de el aire.
-Sígueme.
Volvieron a sentarse donde había estado con Elijah hacia unos minutos.
-Mis padres no saben que he venido a verte y tu padre me prometió que no se lo diría a nadie. ¿Puedo confiar en que tú tampoco digas nada?
-¿A tus padres?
-Aclarado este tema… -se quitó las gafas de sol y las dejó sobre la mesa. Iba maquillada sutilmente, resaltando sus ojos azules y sus finos labios rosados. Dejó el abrigo colgando del respaldo de la silla y guardó unos segundos de silencio – Es obvio que no estoy de acuerdo con mis padres. Quizás te hayan educado desde niño con la idea de tener que casarte conmigo y te hayan hablado de mí de forma que pienses que no hay otra mujer para ti en el mundo. Puede que…-Tengo novia –le interrumpió con suavidad él. Erika abrió los ojos y se inclinó un poco hacia delante.
-Perdona ¿cómo has dicho?
-Salgo con una chica.
-¡Por todos los dioses! –exclamó reclinándose -¡Haber empezado por ahí! Esto cambia muchas cosas. ¿Hace mucho que salís?
-No.
-Pero es serio ¿no?
-Sí.
-Tiene que serlo más, hasta el punto que nuestros padres entiendan que no hay nada que hacer. Tienes tu herencia y que eres el único heredero…podrás usar todo eso para chantajearles y ella imagino que algo parecido. Bien, bien ¿qué vas a usar para plantarles cara? Porque yo había pensado usar mis armas femeninas, lloros, enfermar de tristeza y manipular un poco a mi madre, pero dime ¿qué vais a hacer vosotros? ¿Con qué os enfrentareis a esto?
-Con nuestro amor –Erika parpadeó.
-No entiendo-dijo ella.
-No voy a enfrentarme a nadie, simplemente no seguiré el juego.
-¿A pesar de la amenaza de la desherencia o de perder a tus padres?
-Soy independiente desde hace años. Vivo en una casa alquilada, compartida con tres chicos más, aunque quizás este año cambie eso, pero de todos modos no iré a casa. Me gano mi propio dinero. Y soy feliz. ¿Viste algún arco iris cerca de mí cuando me viste al entrar?, es mi felicidad. Hata oigo pajaritos. Podría cantar ¿quieres que cante?
-¿No…vas a las reuniones, ni te encargas de una de las empresas de tu padre, ni vas a…? ¿Tu ambiente social…?
-Ah, eso. Tengo dos amigos, compañeros de la Facultad.
-¿Y contactos?
-No.
-¿Eres como una persona…?
-¿Normal?
-Vulgar iba a decir pero si prefieres ese otro termino…. –Erika le miró como quien mira a un extraterrestre -¿Te deheredaron, discutiste con tus padres o…?
-No.
-A pesar de tu independencia, sabes que no te han obligado a nada porque quieren que pactes con este matrimonio.
-Me es igual. No lo haré. ¿Qué podrían quitarme? ¡Antes de que hables otra vez! Y perdona que sea grosero, pero es que no dejas de mirarme y de preguntarme de esa manera… ¿me permites una pregunta? ¿Quién es tu novio? Imagino que alguien poderoso.
-Sí, tiene un buen puesto en la escala social.
-Entonces no lo entiendo; diles que quieres a esa persona y ya está. Es rico, esta a tu nivel y seguro que esta más que…
-No.
-¿No? –preguntó él -¿Por qué? ¿No me dices que no quieres casarte conmigo? ¿Por qué no?
-Porque…- Erika desvió su mirada y después le miró en silencio – Porque es una chica.
-¿Perdona?
-Es una chica. Es una mujer.
Jensen guardó silencio unos segundos y después se reclinó apoyándose en el respaldo de su silla.
-¿Debo decir “enhorabuena” o “lo siento”? –preguntó él.
-Podrías darme tu pésame, sé que es lo que has pensado cuando te lo he dicho. Jamás aceptaran una relación lesbica.
Jensen guardó silencio.

Mel les observaba desde la calle, a traves de uno de los ventanales del Ñam-ñam.
Físicamente hacían muy buena pareja y ella era elegante, hermosa, refinada…
¿De qué estarían hablando?
Era mejor alejarse, si la veían fisgando sería peor.

viernes, 16 de enero de 2009

Capitulo 31

-¡Tantas cosas y tantos recuerdos! –dijo Enelya dejándose caer sentada sobre su cama. Mel observaba la habitación anonadada. Era como encontrarse en el interior de una flor pues todo estaba combinado con colores calidos, suaves con una fragancia sutil. Había peluches encima de la cama, con un cubierto rosado, fotos de su familia en la estantería, los libros de la Facultad en otra…Una mesa con un portátil apagado, las teclas blancas con los bordes rosados- Debimos hacernos más fotos en Japón –seguía comentando mirando su cámara digital- ¡Cuando nos reunamos las tenemos que ver juntos! ¡Las de todos! –Mel la miró sonriendo. Enelya la miró y se cruzó de piernas -¿Y cómo es salir con el gran, gran, gran chico de tus sueños?
-No lo sé –se sentó a su lado –No sé cómo pasaremos de amigos a novios –se sonrojó y Enelya sonrió –Además no le vi mucho desde que regresamos.
-Lo sé, tampoco yo a Elijah. Ahora esta con su padre, ya sabes…
-Si, nuestro exjefe quejica. ¿Tú sabias que Warren era su padre? –Enelya se encogió de hombros negando con la cabeza –Cuantas cosas sin saber…
-Lamento lo de la tienda y lo de Totó –comentó Enelya entristecida – Pero hay muchas cosas buenas para este año que empezará: vamos a sentarnos juntas en las clases, tenemos a los chicos más guapos de la facultad, ¡oh, iremos a fiestas acompañadas!
-¿Y Bianca?
-No, ella se quedará en el maletero –ambas rieron.
-Hace una eternidad que no sé nada de ella –dijo Mel.
-Quizás Mark se la comió, porque tu amigo es realmente efusivo.
-Mark es muy especial –suspiró Mel – El otro día me encontraba en el parque y apareció Dorian y acto seguido apareció Mark, saltando sobre él como un tigre. Le dijo que no quería que se acercara a mi, que se fijara en su cara de loco, que lo tomara como advertencia. Y en realidad Dorian venia a decirme que lo dejaba, que se va.
-¿Se va?
-Le hubiera matado –dijo Mel apretando su puño –Me lo ha hecho pasar tan mal…
-¡Pronto será Navidad¡ ¡Época de amor, felicidad, amistad…! Olvidemos todo lo ocurrido y empecemos desde cero. –Enelya juntó sus manos -¡Mi primera navidad con Elijah! ¡Pasear juntos viendo escaparates, pensando juntos en los regalos de todos…!
-Van a empezar las clases –dijo Mel con un susurro. Enelya la miró -¿Cómo deberíamos comportarnos? ¿Será todo igual?
-Uf, espero que no –Mel se giró hacia su amiga y sonrió.
-Ya sé, imagino que este año Jensen si me hablará y me hará caso. Pero me refiero a qué hacer, esos pequeños detalles que marcan la diferencia entre ser un amigo o ser una pareja.
-Pequeños detalles como cogerse de la mano, saludarle con un abrazo, darle un beso en sus precioso y suaves labios…
-¡Así que así de bien os va¡¿eh? –dijo Mel empujándola un poco.
-Estamos en la fase de descubrirlo todo por primera vez, juntos. ¡Es increíble!. Tenerle a mi lado, cuando me mira escuchando lo que le digo… El único que no lo acepta es mi padre. Está convencidísimo de que estoy loca por Jensen, como siempre fuimos tan amigos y le vió tantas veces…
-Todo el mundo quiere a Jensen.
-Podría ser el titulo de una película –sonrió Enelya -¿Qué hay de su padre, esa tal Erika…? Si os habéis quitado de encima a Dorian y Bianca parece haberse esfumado ¡debéis estar en la gloria! ¡Va a ser tu muy mejor navidad! ¿Y Mark?
-¿Qué hora es? –preguntó Mel levantándose – Ay seguro que llego tarde ¡mierda!
-¿A dónde? ¿Quieres que te acompañe?
-No, no te preocupes, seguramente has quedado con Elijah ¡además no es nada! –dijo acercándose a la puerta -¡Nos vemos!
Mel salió de la habitación sonriendo y enseguida que tocó las escaleras para bajar al piso inferior dejó de hacerlo. Se giró hacia atrás, mirando la habitación de Enelya y suspiró.
-¿Ya te marchas? –preguntó el padre de Enelya, Harold. Le sonrió amablemente y se apartó de la escalera, en ese momento se asomó Enelya desde su habitación.
-¡Espera, Mel, te acompaño hasta la puerta! ¡Me pongo los zapatos…!
-¡No te preocupes! –sonrió Mel y siguió bajando los escalones, saludando a Harold con un movimiento de cabeza.
Al salir de la casa dio unos pasos firmes y decididos, sabia que su amiga la estaría observando por la ventana. No se giró para saludarla con la mano, simplemente siguió andando hasta que giró una esquina.
A partir de allí sus pasos se hicieron más lentos y pesados.
Había huido como una tonta. A esas alturas aun tenía secretos para su amiga y sus amigos.
Pero le decepcionó un poco la actitud de Enelya, cuando le preguntó por Mark.
Mel vivía en casa de unos amigos desde hacía casi un año.
No se sintió sola ni un solo día desde que la conoció a ella. A partir de allí conoció a Elijah y afortunadamente a aquel chico que un día vió leyendo un libro, bajo el árbol que estaba cerca de las gradas de tenis.
Siempre dijo que eran amigos de sus padres, pero no era verdad. En realidad eran amigos de Mark, que le hizo el gran favor de hablar con ellos.
Incluso estuvo viviendo una temporada en casa de Mark.
Era un chico realmente inmaduro para su edad. Pero muy gracioso. Y exagerado.
Fue divertido.
Por las mañanas llegaba casi siempre tarde. Rezando para que al abrir la puerta no se centraran en ella todas las miradas. Mark jamás la despertaba la hora que tocaba.
En las horas libres deambulaba sola pensando en la nada, o al menos intentándolo.
De todos modos no tenía a quien contárselo. Sus padres no querían saber nada de ella desde que cumplió los dieciocho.
Y siempre había un momento del día en el que todo brillaba y su corazón recordaba latir. Unos segundos, unos días por verle alo lejos, otros por cruzarse con él… Un año coincidieron en unas clases pero no se atrevió a acercarse a él.
Lo tenía todo.
Y ella nada.
Bianca solía recordárselo. Pero Bianca lo hacia con todo el mundo, era estupido tomársela en serio. Además, a ella también le gustaba.
Y tenía más posibilidades de entablar conversación con él que ella. Bianca estaba en el mismo nivel.
Y ella no.
Sentirse así era difícil.
Pero no le iba el papel de la baja autoestima, así que se sentía feliz con solo verle u oírle.
¡Parecía una persona tan agradable!
Jensen siempre estaba rodeado de gente: chicos o chicas. A veces hasta los profesores se acercaban a él para intentar convencerle para que formara parte de algún club o Fraternidad.
Una tarde en la que Mel se había quedado para leer unos libros en la biblioteca, Elijah se acercó a ella.
Y sin saber cómo, se pusieron a hablar.
Era un chico tan amable y dulce… tan educado e inteligente.
Era el delegado de clase, uno de los más populares de la Facultad. Mel le conocía de vista. Y le habló de Jensen, sin saber ni cómo.
En aquel momento Mel no lo sabía pero Elijah sabía lo que había hecho Bianca con un cartel photoshopeado con unas letras horribles que hacían referencia a su virginidad.
Y Mel le enseñó una carta que había estado escribiendo desde hacia muchos meses atrás.
La carta rosa de la que hablarían una tarde al salir del trabajo, ella, Elijah y Jensen.
Y el chico que la seguía por todo, era Dorian.
Pero cuando su vida dio un cambió fue el día en el que Enelya se acercó a ella.
Su primera amiga en muchos años.
Una victima de Bianca a la que poder ayudar, pues ella conocía bien las artimañas de esa chica escuálida.
Enelya no tardó en darse cuenta de lo mucho, mucho, machismo que le gustaba Jensen a Mel. Pero nunca le permitía que se lo presentara.
Mel seguía pensando que no estaba a la altura.
Y Bianca se enfurecía más contra ella.
Dorian apareció un día en la entrada de la Facultad. Parecía conocerla bien.
Un chico que había mostrado interés en ella, era algo que celebrar.
Salieron juntos un par de veces. Mel creía esperanzada que quizás así olvidaría a Jensen y dejaría de andar como una oveja perdida, sin poder dormir alguna noche que otra.
Y casi a finales de año, Dorian le preparó una cena en el puerto.
A Mel le emocionó mucho, fue un momento mágico y especial.
Pero después se convirtió en una pesadilla.
Dorian cambió.
Empezó a hablar de otro modo, a acercarse demasiado.
Sus intenciones eran crueles y ella se asustó pero no lo demostró: le plantó cara y le dio un bofetón que le giró la cara.
Y después se marchó corriendo.
Todo había sido una mentira.
A la mañana siguiente Bianca se encargó de hacérselo saber. Había sido su plan. Demostrarle que ella no era nadie, no era nada.
Bianca y Dorian estaban confabulados.
Mel recordaba con orgullo aquel día porque le arrancó un mechón. Y le hubiera arrancado más de haber podido, pero no fue así.
Sola, otra vez, pero más dolorida. Más sola.
Enelya le propuso trabajar con ella aquel verano y al principio fue bien, pero Mel tuvo que dejarlo porque necesitaba centrarse un poco en los estudios. Había perdido muchas horas detrás de sueños imposibles.
Así fue como una mañana Enelya se acercó a su pupitre y la saludó animadamente. Le presentó a Jensen prometiéndole que él la podría ayudar a aprobar.
Y lo más extraño es que a él no parecía molestarle tener que perder tiempo con ella.
Bianca se enfureció más. Contra Mel y Enelya.
Pero Elijah parecía mantenerla a racha.
Una tarde en el “Ñam-ñam”, otra en casa de Enelya…se hizo amiga de esos tres chicos.
No preguntaban nada, solo querían estar con ella.
Y ese verano trabajó en el mismo local que su gran amor.

Después el rechazó, que no le dolió tanto como esperaba, quizás gracias a que Bianca ya le había bajado los humos con la ayuda de Dorian.
Pero dolía.

Al fin y al cabo sentía que estaba enamorada de él incluso antes de conocerle.
Era aquel chico por el que se levantaba cada mañana y esperaba encontrar en un pasillo.

Y ahora, después de todo, aun no conseguía confiar en sus amigos y contárselos todo.

Mel se paró.
No, no era falta de confianza. Sabia que no la abandonarían, sabia que la apoyarían…Era que ahora todo estaba tan bien…eran tan felices…
¿Para qué estropearlo con sus desgracias? Con sus momentos de soledad ya pasados, dejados en el recuerdo.
No tenía padres ¿y qué?
Ni casa. Ni familia, solo a Mark, que estaba un poco loco.
Ahora tenía amigos.
Tenía a Jensen a su lado, aunque no se vieron mucho desde que regresaron a Japón.
Y ya conseguiría otro trabajo.

¿Para qué contarles todo aquello?

Mel se sentó en el banco de madera de la plaza y juntó sus manos sobre sus rodillas, mirándolas con detenimiento.

Dorian se había marchado.
Bianca había desaparecido.
Enma también había desaparecido de la historia, aun cuando a Mel le pareció que iba a perder, una vez más, a Jensen.
Pero estaba tan feliz de tenerle como amigo. Era mejor que no tenerle, por patético que sonara. Pero Enma no estaba.
Ahora estaba Erika.
Aunque las cosas eran diferentes.

Su móvil vibró desde dentro de su bolsillo y Mel lo cogió.
Un mensaje de Elijah preguntándole si quería reunirse con él en el “Ñam-ñam”.
Mel sonrió.
¡Que diferente resultaría todo aquel curso, comparado con el anterior!
Ahora ella iba a estar en el grupo de los populares. Iba a ser importante, porque iba a tener amigos.
Amigos que no sabían de su vida privada la mitad, pero buenos amigos.
Ella no dejaba que ellos entraran en su vida.
Ni tan solo Jensen.

“No puedo. Nos veremos más tarde”, escribió ella en respuesta a su amigo.
Tenía que pensar cómo hablar con Jensen y explicárselo todo.
Además, él era de una clase social alta…
No tenia casa, ni familia, ni dinero.
Nada.

Mel suspiró por lo bajo.
¿Y si Jensen se lo tomaba mal, creyendo que ella no tenía confianza suficiente? ¿Y si él se sentía incómodo y no sabía qué decir?
¿Y cuando lo supieran Enelya y Elijah?
Podía pasar cualquier cosa.

miércoles, 14 de enero de 2009

Capitulo 30

-¿Papá? –Elijah colocó la pequeña mochila tras su espalda mientras sujetaba la correa con la mano derecha. Con la izquierda empujó un poco la puerta que llevaba al sótano de la casa, un lugar en el que a Warren le gustaba dejarse perder muy de vez en cuando.
Las escaleras de madera crujían sobre los pasos de Elijah que notó un frío seco golpeándole la cara. Pensó en detenerse y abrocharse la chaqueta que llevaba pero se distrajo al oís algo en el fondo. Estaban las luces apagadas y Elijah se daba cuenta de lo lúgrube que parecía aquello sin luz, sin ruidos –Papá si estás ahí di algo, porque estoy por subir las escaleras y cerrar la puerta tapiándola con trozos de madera…. Y quizás santificar el lugar –agregó por lo bajo intentando ver en la oscuridad.
-Ya viste cómo quedó –dijo la voz de Warren. Elijah arqueó una ceja. No le veía, no veía más allá de sus pies. La luz de arriba no llegaba más allá.
-Papá no pasa nada…
-Tu sueño, mi futuro…
-El se… -Elijah frunció el ceño, le molestaba no ver con quien hablaba – El seguro dijo que pagaría y cargaría con los desperfectos, además, ya me buscaré la vida, no te preocupes ¿puedes encender la luz?
-Un maldito incendio. Las llamas consumieron todo.
-Papá tengo que hablar contigo, necesito verte.
-Me siento cómodo en la oscuridad.
-Si, eso fue lo primero que dijo Anakin Skywolker y no quiero recordarte cómo terminó todo.
-¿Porqué? ¿Crees que no te entraran ganas de matarme cuando te des cuenta de lo que he hecho?
-¿Y mamá?
-No lo sé, a comprar, creo. Salió esta mañana, yo vine a arrastrarme hasta aquí.
-No entiendo porqué te martirizas tanto, no es culpa tuya…. Papá….
-Dale al interruptor.
-Estoy en las escaleras.
-Pues baja y dale.
-Es que no veo.
-Yo tampoco.
-Genial. Como si no me bastara tener este tipo de conversaciones con Jensen ahora las tengo con el lado oscuro de la familia Wood. Vale, escucha, voy a bajar, tú no te muevas ¿de acuerdo?
-Cuidado con las ratas –dijo Warren. Elijah se quedó inmóvil, con el pie derecho casi rozándole siguiente escalón.
-¿Ratas? ¿Del tipo Ratoncito Pérez o del tipo mutante voy a raptarte y comerte de un solo bocado?
-De las segundas.
-¡Joder¡ -dijo subiendo dos escalones -¿Y estás ahí, a oscuras, con ellas? ¿Ya hablan?
-Creo que es el lugar en el que merezco estar.
-Vale, papá, si te tienen atado y amordazado y te obligan a decir todo eso, hazme una señal –se quedó en silencio -¿Me estás haciendo una señal?
-No.
-Voy a por una pila.
-Tu madre fue a por una y se le cayó. No quedan más en casa.
-A ver, asi que bajaste al sótano, te quedaste a oscuras, te da mieditis confesarlo y ahora no sabes cómo subir…. ¿se fundió la bombilla otra vez? Oye ¿y porqué no sigues la luz? Carolain lo hizo y bueno, está bien, en las otras dos de Polgesteirs lo pasó canutas pero….
-Tu madre fue a comprar pilas, pero ya sabes como es. Habrá visto a alguien, habrán empezado a hablar…. Le comentará lo ocurrido, ella le responderá y después vendrán a verme y van a hacer como que lo sienten. Pero les daré pena. Y yo me sentiré cada vez más deprimente.
-Ya está –encendió una pila -¿Decías algo? Me fui a buscar la pila de peluche que le regalé a Enelya. No sabia si la tendría o no, pero si.
-No, no decía nada importante, deliraba como un viejo chocho.
-¿Voy bien? ¿Puedes venir tú hacia mi?
-Sí.
-Vale.
Elijah se paró al bajar el último escalón. La oscuridad era tan densa que parecía rodearle, empujándole hacia la nada. Su padre colocó su mano sobre el hombro de Elijah que ahogó un grito.
-Elijah, soy tu padre. –Elijah le alumbro el rostro y Warren movió las cejas -¿Ahora vas a gritar que no y me dejaras que te corte la mano?
-¿Has bebido?
-Sabes que no me gusta el alcohol. Y no me gusta que me trates como a un niño.
-Es que a veces, papá… -movió la cabeza como si le recriminara algo a un niño pequeño. Warren suspiró y apartó la mano.
-¿Cómo van las cosas con la familia de Enelya?
-Voy a hablar con ellos esta tarde, en la hora del té.
-¿A las 17?
-Sí.
-¿Y qué les pasa? ¿Acaso un Word no es suficientemente bueno para ellos?
-No si hay un Ackles cerca, por lo visto.
-¿Es mejor que tú?
-No. Tiene más dinero que yo.
-Ah.
-Si. –guardó silencio unos pocos segundos -Creo que sus padres esperaban que entre ellos surgiera algo más intenso que la amistad y debían hacer planes “a lo grande” para su futuro.
-Es como “Romeo y Julieta”
-No es como “Romeo y Julieta” –dijo Elijah frunciendo el ceño.
-Si tú te llevaras mal con Jensen quizás lo seria, hijo mío –Warren apoyó su mano en el hombro de su hijo que le miraba arqueando una ceja – Quizás lo seria.
-Todo el mundo quiere a Jensen, no podría llevarme mal con él ni queriendo. No te preocupes por eso.
-¿Y qué clase de nombre es ese? ¿Jensen? ¿Y su apellido? Parece el nombre de un vino añejo… ¿y como demonios se pronuncia? ¿Ackles? ¿Ackels?
-¿Podemos subir?
-Si, creo que la oscuridad ha afectado mi cerebro.
Elijah sonrió y su padre le devolvió la sonrisa.
-No pienses más en el local –dijo Eijah subiendo las escaleras siguiendo a su padre. Warren se detuvo.
-Sabes que cuentas con todo mi apoyo ¿verdad?
-Sí papá.
-¡Por el amor de el gran Dany Kaye! –exclamó su madre desde la entrada -¿Aún estáis allí abajo? ¡Haced el favor de subir ahora mismo!
Alan miró la hora de su reloj y suspiró mientras se dejaba caer sentado sobre la esquina del sofá de dos plazas del salón.
Observó en silencio los movimientos de Claire, su esposa, que estaba arreglándose el pelo delante del espejo que había cerca de la entrada. Claire era una mujer de carácter fuerte y decidido, una mujer responsable y juiciosa, Alan se había casado con ella unos años después de perder a la madre de Jensen. Y ambos la habían acogido como una matriarca. Trabajaba mucho, parecía que era lo que más le gustaba a Claire, estar en el trabajo, hablar de los logros obtenidos por el esfuerzo… A Alan, le gustaban las cenas empresariales con sus compañeros, porque siempre terminaban hablando de todo menos de la empresa. Pero reían, bebían un poco, se despejaban…. Porque había mucha presión en el cargo y su dinero siempre parecía peligrar. Aunque no fuera así.
Los amigos de Claire se compraban coches de último modelo cada mes, pero Alan ahorraba.
Era una de las discusiones que más se repetían: el ahorrar.
Claire no quería ahorrar, no veía el sentido a aquello, necesitaba estar a la última. Que hablaran de ella aunque solo fuera por ese collar de perlas que lucía o por ese nuevo peinado que habría costado mucho.
A Alan siempre le había hecho gracia, le hacia sentir galán y bien, darle regalos, hacerla feliz con dinero.
Pero esa tarde Alan estaba angustiado.
Mientras Jensen estuvo en Japón, Claire empezó a hablar y a hablar, a planear, a decir…
Ahora se sentía confuso.
Nunca había tenido un problema con su hijo.
Era un joven alegre, muy independiente, tanto que nunca pidió dinero. Trabajó para ganarse lo que necesitaba –así compró un coche que casi jamás usaba, compartía piso con otros chicos…iba a Japón – era sumamente cariñoso, detallista, tenía un sentido del humor que animaba las comidas en las reuniones familiares y estudiaba en una buena universidad sacando unas notas para sentirse orgulloso de él.
No dejaba que le pagara nada. Alan se sentía un poco rechazado por ello pero jamás dijo nada y centraba su frustración en Claire, comprándole más cosas. Y ella parecía muy feliz con ello.
Alan apoyó el mentón sobre sus manos, inclinándose un poco hacia delante, hasta que sus codos tocaros sus rodillas.
Pensó en lo diferentes que eran Jensen y Claire.
No se peleaban nunca, porque Jensen iba a su mundo, no se interponía entre ella y su padre. La respetaba y Alan comprobaba una y otra vez como su hijo la trataba como a un miembro más de la familia. Así tenía que ser.
Pero algo había cambiado, Alan podía sentirlo, pero no sabía qué.
-¿Se retrasan?-preguntó Claire colocando su melena por encima de sus hombros. Alan parpadeó y miró su reloj. Negó con la cabeza -¿Y tu hijo?
Alan la miró, se mordió los labios suavemente y guardó silencio.
¿Siempre había dicho “tu hijo” o era porque estaba disgustada con él?
La independencia de Jensen no había molestado nunca Claire hasta que el padre de Erika se sentó en la butaca con su gran puro, inhalo una bocanada de humo y dijo aquello de que ya era edad para que sus dos hijos salieran formalmente y presentarles en sociedad juntos, como pareja. Alan sintió un pinchazo en la boca del estomago que casi hizo que devolviera el canapé de “chimimisú” o lo que fuera, mientras que Claire parecía abrir una cola de pavo inmensa y brillaba como el sol.
¿Habían pactado aquello? ¿O se daba por entendido? ¿Era correcto? ¿Era necesario?
Claire se sentía tan feliz que Alan no pudo menos que sonreír y el padre de Erika le estrechó con fuerza su mano.
Todos felices, todos brindando, todos bien.
Alan pensó que Erika era una joven hermosa. Una bailarina rubia, de ojos cristalinos y azules, mejillas sonrosadas, tal como una estatua de porcelana.
Elegante, educada, tímida, con futuro.
Y se llevaba bien con su hijo.
Bien, si, todo el mundo parecía llevarse bien con Jensen.
-¿Estudiará medicina? –preguntó Claire colocándose el pendiente. Alana la miró. Estaba hermosa. Pero no servia de nada decírselo, ella era insegura y necesitaba esas joyas para sentirse hermosa.
-¿Quién? ¿Jensen?
-¡Oh, por dios, no hagas preguntas estupidas, Alan! –dijo molesta mirándose en el espejo -¡Claro¡
-Está estudiando…. –Alan frunció el ceño: ¿Publicidad? ¿Comerciales?
Quería abrir un local con Elijah, pero no recordaba más.
¿Hablaba demasiado poco con su hijo o eran los nervios de tener que recibir a los padres de Erika? ¿Eran nervios por Claire, que estaba histérica, o eran nervios porque sentía que algo no iba bien?
Pero ¿qué no iba bien?
-¡No se te ocurra mencionar lo de ese local y mucho menos a su amigo! –dictaminó Claire señalándole con el dedo. Alan sonrió.
-Tranquilízate.
-¡A veces pienso que te pareces demasiado a tu hijo! ¿Seguro que ya estás listo?
-Cariño, podría ir en un saco de patatas y teniéndote al lado brillaría como un girasol en verano, seria el hombre más hermoso solo por estar a tu lado.
-Poemas después, amor –dijo ella con una sonrisa y miró el reloj de encima de la mesita. Alan hizo lo mismo. Un reloj de oro, de un viaje a Marruecos. ¿O a África? Por cierto ¡que reloj más feo! -¿Dónde está tu hijo? –Claire abrió sus ojos -¿No se presentará con su “amiguita”? ¡Oh dios mío! ¿Y si aparece con esa…moto? ¡La ropa¡ Deberíamos preparársela ¡y que entre por detrás¡
-¡Ah, si, ya recuerdo! –Claire le miró y Alan sonrió mirándola – África.
-Llámale. ¡Y dile que se comporte como se le enseñó, que no sea vulgar!
Alan sacó su movil del bolsillo de la americana.
Llamar a su principito, al que se le habían enseñado todos los modales dignos para casarse con una reina, como mínimo.
Si dios bajaba reencarnada en una mujer, Jensen sería su igual. Según Claire.
Los buenos modales son el toque distintivo de tu personalidad, con ellos irradiarás elegancia, naturalidad, sencillez y mostrarás tu buena educación. Debes tener en mente que mostrando buenos modales con los demás conseguirás unas mejores relaciones.
Alan recordaba aquellas palabras de la joven institutriz Sofí Layter, mientras un jovencísimo Jensen de seis años y medio atendía sentado en el suelo, rodeado por sus juguetes y un peluche en la mano.
Una institutriz que le enseñaría todo lo que necesitaría saber del mundo salvaje social en el que se encontraría de mayor. Así lo dijo su madre con una sonrisa. Pero a su madre le gustaba mucho estar con su pequeño y este a duras penas iba a clases cuando ella estaba en casa. Hasta que enfermo, su pequeña flor de su jardín privado fue apagándose, marchitándose entre sus dedos sin poder hacer nada.
Después llegaron las preguntas: ¿dónde está mamá? ¿Por qué lloras papá?.
A los diez años Jensen se abrazó a su padre y le dijo que no llorara, que él siempre estaría a su lado.
¡Diez años!, no. Un niño pequeño no tiene porqué sentirse así.
Así que Alan tomó fuerzas, se casó con Claire de la que se enamoró en un viaje y pasaron a ser una familia.
-¿Jensen? –preguntó Alan pegado al móvil. Carraspeó por lo bajo, no se había dado cuenta de que estaba sollozando entre recuerdos del pasado –Hijo, te estamos esperando, no tardes, sabes que llegar después de los invitados….Si, de acuerdo -sonrió –No, no hace falta que vengas con esmoquin, ni que entres cantando ni tocando el piano. Solo basta que aparezcas. Te esperamos graciosillo.
-¿Y? –preguntó Claire parando frente a alana.
-Ya viene.

Capitulo 29

Querido diario;

No recuerdo quién dijo que necesitaríamos unas vacaciones de las vacaciones. Y tuvo tanta razón que deberían santificarlo.
No tengo ningún diario, no recuerdo haberlo tenido jamás y no lo empezaré ahora.
Pero lo ocurrido me ha dejado tan trastornada que necesito explicárselo a alguien.
Y se me ocurrió escribirlo en una hoja de papel, que fuera mi diario, ese “baúl de los recuerdos” durante unos minutos. Y después, que desapareciera para siempre.

Así que, como decía, “querido diario”….hace unos dos días y medio que hemos regresado de Japón.


Parecía que estaba tan lejos….

Un lugar donde nos conocimos más, donde exploramos nuestros sentimientos al límite y donde no realizamos un “final” sino más bien, dimos un paso más. Hacia delante.
Me explico.
Por ejemplo, sin ir más lejos, creía que sería el lugar y el momento donde me encontraría con Elijah. Me encontraría espiritualmente, me encontraría carnalmente –suena extraño se diga como se diga – un lugar donde terminaría todo. Las miradas tímidas, los malos entendidos, los roces disimulados…. Y empezaríamos como una pareja formal. Una de esas parejas estables, quizás aburridas, cotidianas.
Pero no fue así. Nada más lejos.
Sin embargo, no puedo dejar de sonreír.
Porque si que me acerqué más a él.
Si que estoy enamorada y sé que él de mi.

Ahora nos encontramos con nuevos obstáculos, nuevos retos, algunos problemas.
Y me doy cuenta de que me encuentro con fuerzas para afrontarlo todo.
Porque él esta a mi lado.
Porque me quiere.
Le amo.
Y me ama.

Nuestros cuerpos se reconocen aun sin haberse conocido. Y aunque deseo estar con él, no me importa esperar. No era el momento, quizás no era el lugar.

Sacando lo positivo, nos hemos sentido más cerca. Hemos hablado. Hemos tenido más intimidad.

Y en el avión de regreso, apretando su mano contra la mía, perdiéndome en esos indescriptibles ojos azules, pensaba en lo que nos esperaba aquí.

Mi padre no reaccionará bien, lo sé. Quiere a un príncipe azul montado en un caballo blanco para mí.
Y le haré entender que todo lo azul que necesito en mi vida, esta en la mirada de mi novio.

El sueño de Elijah ha volado. Un accidente o algo así, aun no me he enterado mucho, hay demasiados nervios, cansancio… Pero creo que abrirá otro negocio. Y me encantará poder ayudarle.
Estar a su lado.
Ser yo la que vea como sale adelante. Ser quien estará a su lado cuando haya tenido un mal día.

¡Y los amigos!
Son como esos primos cercanos que consideras hermanos.

Según tengo entendido Jensen se va a casar con una chica llamada Erika. Una amiga de la familia, alguien de clase social alta (altísima).
O eso dice su madre.
Su padre no se mete en esas cosas.
Y su hermano parece que sabe como escaquearse…. Pero es injusto que le critique ahora, primero debería hablar con todos. Su madre, él mismo… Y Mel.

Mel esta en una nube y no baja de ella.
No parece preocupada por nada.

Pero a nosotros nos angustia que la este siguiendo Dorian.
Y…Marcos parece estar un poco más calmado pero nadie le dijo aun que Mel es novia oficial de Jensen.
Si, si, es cierto, somos un atajo de cobardes, pero la excusa es que tenemos demasiadas cosas en las que centrarnos.

Ya no solo por el trabajo, los sueños volatilizados y Bianca, que ha desaparecido.
Sino porque el curso, el ultimo ya, esta a punto de empezar.

Me he preguntado mil veces cómo será entrar en clase con este nuevo sentimiento. Tenerle cerca, tener a quien hablarle de todo, siempre.
Decirles a los demás que es mío, mi novio, mi gran amor.

Ahora solo queda esperar…

Capitulo 28

-¿Hola, Enelya? –preguntó Mel escondida en un rincón, con el móvil pegado a su oreja. Miró a su alrededor, observando el hipnótico parpadeo de las velas que habían en las mesas y dejándose llevar por la relajante música que se oía de fondo. El color del local era de un anaranjado que recordaba al atardecer del otoño, el olor se mezclaba entre aromas de cocina exótica y las velas aromáticas que adornaban gran parte del lugar. Las mesas del centro estaban muy bien atendidas pero lo que llamaba la atención eran esas pequeñas habitaciones, que no eran más que mesas rodeadas por puertas finas de papel, correderas, que daban un toque de privacidad a quienes se encontraban en su interior. Ella tenía una reserva en una de aquellas salas. Las personas eran amables, la miraban y la saludaban con un suave movimiento de cabeza, aunque no la conocieran de nada. Era como estar en un pedacito del cielo -¿Puedes hablar ahora? ¿Me oyes? –miró el móvil con un suspiro. La cobertura era mala siempre pero lo peor era aquella tormenta que se había despertado cuando entraban en aquel local. Fuertes vientos, lluvia torrencial…aunque en aquel cálido lugar era difícil imaginar que fuera estaba haciendo tan mal tiempo.
Lastima, le hubiera gustado compartir ese momento con ella.
Aunque en realidad era algo que debía saborear ella sola ¿no?.
¿Por qué estaba tan nerviosa?
Cuando supo que tenía que sentarse en el suelo, sobre un cojín pequeño, se alegró de llevar pantalones. La mesa estaba prácticamente a dos palmos del suelo y sobre ella habían platos de diferentes colores.
Pensaba en ello cuando se detuvo frente al shoji, la puerta de papel corredera.
Nada más llegar no entró en ese espacio donde el te dejaba un aroma suave. Echó un rápido vistazo y pidió perdón por tener que ausentarse un segundo.
¿Realmente estaba teniendo una cita?
Estaba tan emocionada que tenía que hacer grandes esfuerzos para no llorar de emoción.
Miraba a la gente a su alrededor y era difícil no gritarles lo mucho que había deseado tener ese momento, que no imaginaban por lo que había pasado.
Bien, era el momento.
Apyó su mano sobre la manecilla y la hizo correr con suavidad. El ronroneo de la puerta hizo que su corazón palpitara con fuerza.
-Perdona ¿qué? –preguntó Jensen al teléfono. Ella le miró unos segundos y después entró. Apareció una japonesa que cerró la puerta y mel se sentó al otro lado de la diminuta mesa, frente a él. Nunca le había visto más guapo. Y aquello la ponía aun más nerviosa. Pero eran amigos, habían hablado otras muchas veces ¿no? Y ahora no se atrevía ni a mover la mano para colocar bien el cojín. Sus movimientos se hacían pesados, se sentía torpe. Y ya había notado que sus mejillas ardían. Miró alrededor intentando no quedarse frente a él como un búho, observando todos sus movimientos. Pero era casi imposible apartar la mirada de sus ojos verdes -¿Qué? –ella ahogó un grito sobresaltada -¿Oye…? –musitó algo y dejó el móvil sobre la mesita. Me miró el movil y lentamente dirigió su mirada hacia él que mantenía una extraña sonrisa nerviosa muy forzada-No pasa nada. Esta noche..es importante. ¡Te ves preciosa!
-Ay dios mío ¿qué ha pasado?
-Nada.
-Estas temblando –observó ella.
-Ha volado.
-¿A volado?
-El local. E…me acaba de llamar Elijah, le llamó antes su padre. El local a… no…No está.
Mel no se movió. No respiraba.
No lograba dar significado a las palabras de Jensen.
-… ¿No…? Pero…
-¿Sabes qué?, no se puede hacer nada de todos modos, así que no permitiremos que eso estropee esta noche.
-Pero…
-Verás. Mel, solo quería decirte que… -el móvil empezó a vibrar sobre la mesa y ambos lo miraron –No dejaré que nos interrumpan –ella arqueó una ceja – Si no quieres no…
-¡Responde! –a duras penas había dicho aquello como él ya tenia el aparato en su oreja.
-Ah es mi padre… -Mel se llevó la mano al corazón: ¿qué le había ocurrido al local? ¿El padre de Elijah se encontraba bien? -¿Qué? –Mel le miró -¡No! …pero… ¿qué?... ¿Oye? ¡Oye! –Jensen miró el móvil con los ojos muy abiertos.
-¿Jensen? –él la miró.
-Me caso-dijo con voz queda.
-¿Qué?
-Mi padre dice que yo…pero….
-¿Qué te qué? –preguntó ella.
-¡No, no te alarmes, no es nada!
-¡No, ya veo! –exclamó ella -¿Qué demonios te ha dicho?
-Bueno, es algo de lo que habla siempre, pero jamás le tomé en serio…
-Oh dios mío…-musitó ella sintiendo que le faltaba el aire.
-Hablaba de Erika como si fuera a formar parte de su familia…. –se quedó callado y ella le miró. Estaba pálido.
-¿Estás bien? –preguntó ella sin querer reírse por la ironía de la pregunta.
-Creo que me esta dando un infarto –respondió frotándose la frente.
Alguien llamó suavemente a la puerta y se asomó una de las camareras.
-buenas noches –dijo con acento japonés – No quisiera molestarles, pero nos vemos obligados a informarles de que se ha producido un imprevisto.
-¿Para la cena? –preguntó Jensen –No importa, la verdad….
-Em, no –respondió la camarera sin acabar de entrar- El viento y el agua hacen que resulte imposible abandonar el local –Mel abrió los ojos mientras la mujer seguía diciendo- Estamos en alerta naranja…Quizás esta noche haya un Tifón. Los móviles no tienen cobertura. Pero deben mantener la calma, en breve se les dirá lo que deben hacer. Gracias por su atención –cerró la puerta corredera.
Sin respirar ni cerrar los ojos, Mel se giró hacia Jensen.
-Creo que me voy a desmayar –musitó por lo bajo él.
-¿El local donde trabajábamos….ha volado? –preguntó ella.
-Warren no dio muchos detalles al respecto… ¿no notas como si faltara el aire?
-¿Y quién es Erika?
-Palpitaciones, mareo ¿ves unas manchas rojas?....
-Creo…que el mundo no esta preparado para que tú y yo estemos juntos –él la miró – Es el Apocalipsis. Seguramente si llegáramos a tener algún tipo de relación sexual nacería el anticristo. Es… ¿dijiste machas rojas?
-¡Bien, no perdamos la calma!
-¿Bromeas? ¡Hay un tifón allá fuera!
-¿Quieres salir conmigo?
-¿Afuera?
-No, no –alargó su brazo estirando su mano hacia ella –Mel, me gustas. Quizás no me di cuenta del modo que tocaba y no reaccioné como debería pero organice todo esto para pedirte que fueras mi novia. Ya…ya sé que se han complicado las cosas y que ahora no parezca el momento más oportuno…. –Mel miró la mano de Jensen sobre la mesa, esperando aceptar la suya – No quiero perderte. Quiero regresar a casa contigo.
-jensen…
-Sí, lo sé –ambos se miraron –Enma, Bianca, Marc o…Erika….
-O Dorian.
-¿Quién es Dorian?
-Qué más da –suspiró ella.
-Esto es el Titanic, pero aunque todo este mal a nuestro alrededor y el mundo se parta en dos, quiero que estés a mi lado y estar yo al tuyo. Entiendo perfectamente que puedas estar harta de tener que luchar y que parezca que no vamos a poder disfrutar de una relación normal, pero a pesar de eso, Mel…
-No debiste esforzarte en pensar un discurso.
-No, bueno, este no es…lo pensé, lo ensayé, te lo juro, pero cuando la camarera dijo “Tifón”, se me fue de la cabeza todo y he improvisado.
-No quería decir que no te esforzaras en tu discurso, quiero decir que no debiste pensar en uno. ¿No te das cuenta?: mira a tu alrededor…. Esto es un desastre. Cría que lo de la Universidad y la carta era lo peor que me podía ocurrir pero obviamente estaba lejos de la realidad.
-¿Entonces? –preguntó él apartando su mano con lentitud.
-No importa –él la miró sin comprender y ella alargó su mano para sujetar la de él – No importa lo que ocurra, lo que tenga que soportar. No… ¡No sabría por dónde empezar!...me gusta tu forma de ser, como te tomas las cosas y cuando te enfadas sin estar enfadado…. Como cuidas de todos y como te preocupas…Me gusta el color de tus ojos y lo he memorizado sellando mi corazón para siempre. Rezaba cada mañana para que rozaras mi cuerpo con tu ropa al pasar por mi lado. Y aun tengo muy presente cuando rogaba a dios una oportunidad para poder hablar contigo. Y ahora, después de Enma, Bianca y con el Tifón encima, me doy cuenta de que eres tú. Y nadie más.
-¿El que va a acabar con tus nervios?
-No –sonrió ella –El dueño de mi corazón, de mi destino y de mi vida.
-No voy a soltarte jamás, Mel. Nunca más me voy a separar de ti –ella sonrió con los ojos empañados en lágrimas de felicidad – Creo que el resto del local se ha volatilizado –ella rió por lo bajo -…pero estaré a tu lado.
-Puedes soltar mi mano –le dijo ella casi riendo.
-Gracias –dijo soltándola incorporándose – Creo que la esquinita de la mesa a dibujado una cicatriz en mi torso ¡pero será la nueva marca de mi amor por ti!
-¿Sabes?, querría levantarme para acercarme a ti y sellar este momento de emoción y pánico con un beso, pero…
-Sí, ya entiendo lo que quieres decir.
-¿Vamos a ver qué hacen los japoneses?
-Vamos a verlo –dijo levantándose al mismo tiempo que ella – Hace rato que oigo el golpe del viento contra las paredes del garito: pone la piel de gallina.
-No sé a qué enfrentarme primero, a Erika, al local volatilizado … -miró detrás suya y agarró la chaqueta de Jensen – Tu padre va a odiarme casi tanto como el padre de Enelya a El… -algo cayó al suelo –Ah, vaya, perdona… -se agachó para recogerlo.
Jensen se acercó a ella y abrió los ojos al ver las fotografías esparcidas por el suelo.
-¡Lo había olvidado! –dijo él. Ella se levantó sujetándolas con la mano. Levantó la mirada para encontrarse la de él.
-¿Qué demonios es esto?
-No son mías.
-No sé si alegrarme… ¿Sabes que parece la obra de un psicópata?
-Bueno, no…en realidad no sé quién las hizo –ella abrió sus ojos – Me las dio Mika, se las había dado un chico.
-¿Qué?
-¡No le di importancia, ya sabes! ¡No podía ser…!
-¿Marc? ¿Dorian? ¡Cuando me perdí…!
-¡No ocurrió nada!
-Oh dios mío ¿tanto me odia?
-¿Bianca?
-¡Me refería a Marc pero por todos los cielos! ¡También podría ser ella!
-Eh, eh –la abrazó – Es problema suyo ¿de acuerdo?... ¿Oye?
-Que bien hueles.
-Ahora no te duermas ¿eh? –ella sonrió - ¿Quién es Dorian?
-Será mejor que empecemos a hacer una lista para los temas pendientes –dijo ella apartándose un poco -¿De acuerdo?

Capitulo 27

-¿Mika? –preguntó Jen asomándose a una de las habitaciones del piso inferior –Aquí tampoco está…¿Mika? –se acercó a la cocina, no tenía puerta tan solo media puerta cubierta por un mantel en la parte de arriba. La apartó suavemente y se asomó con cautela -¿Mika, estás aquí?...Vaya, quizás se fue a hacer la compra…-iba a girarse cuando notó una sombra cerca de su cuerpo. Ahogó un grito y retrocedió un paso notando como se le ponía la piel de gallina -¡Ah! ¡Por todos los…! ¡Casi me muero!
-¡Konbanwa! –saludó Mika con una gran sonrisa -¿Buscar tu cena ahora, Jin-kun?
-¿Eh? No… ¡Eh, no es “Ji”! –ella pasó por su lado dirigiéndose hacia la nevera sin dejar de sonreír.
-Ahora preparo cena.
-¡no, es lo que venia a decirte!
-¡Ah! –gritó ella alarmada mirándole.
-¿Qué…?
-¡Ji-kun no puede entrar en la cocina! ¡Sal! ¡Tú fuera!
-Ay, pero…
-¡Fuera, fuera! –ordenó ella.
-¡Voy! –retrocedió unos pasos –Escucha, no voy a quedarme a cenar, ni mel tampoco….
-Mel en baño.
-Si, lo sé, no decía eso….
-¡Oh, es tarde!
-Mika…
-¿Hm? –hizo ella mirándole con su gran sonrisa habitual.
-E…”no cena” ¿puedes entender eso?
-Cena.
-Sí. ¡No!
-¿Ahora?
-No, yo…
-Esto para ti –dijo ella buscando algo en uno de los cajones.
-No quiero que hagas la cena, es que vamos a salir y… -Mika le dio un sobre - ¿Cómo demonios se dirá…?
-Mika sabe. Ji-kiun espera en sala: ¡dewa mata! -dijo señalando la salida con amabilidad.
-Si “mata” eso si que entiendo…. –respondió irónicamente él. Mika se acercó a los fogones susurrando una canción y él suspiró.
-Eih…-saludó Elijah pasando por detrás suyo.
-¿Dominas el japonés? –le preguntó Jensen girándose hacia él, dejando la entrada de la cocina a su espalda.
-Palabras sueltas, un poco. ¿Estás atosigando a la pobre Mika? Tío, dale un respiro, enseguida tendrá la cena…
-Necesito que le expliques que ni yo ni mel nos quedamos a cenar.
-¿Vas a declararte? –preguntó Elijah picarescamente.
-Tú hazme el favor de hablar con Mika.
-Vale, voy ¿qué harías sin mí?
-Gracias –le dijo Jensen mirando el sobre. Elijah se asomó a la cocina y Mika volvió a gritar. Jensen abrió el sobre mientras Elijah decía algo.
-¡Hay que ver lo en serio que se toman eso de no dejar entrar a la gente a la cocina! –dijo Elijah -¿Qué miras? ¿Fotos? –se asomó por detrás de su amigo para verlas -¿Para qué has fotografiado a Mel?
-Yo no le hice fotos.
-¿Y entonces esas fotos? –ambos se miraron -¿De dónde has sacado las fotos?
-Mika… -Jen se asomó a la cocina – Mika ¿quién te dio estas fotos?
-¡Mika hace cena! ¡Chicos malos, no entrar en cocina!
-No, no entramos, solo…es que… ¿Quién te dio las fotos? –levantó las fotos con la mano y Mika las miró.
-¡Ah! –sonrió- Un chico. Guapo. Alto.
-¿Marc? –preguntó Elijah -¿Ha venido hasta Japón? ¿Y te envía fotos de Mel?
-No creo que sea Marc –le dijo Jensen mirándole.
-¿Bianca?
-Algo así –se apartó de la entrada pensativo y Elijah le siguió con la mirada -¿Y si es el tipo que andaba siguiendo a Mel?
-¿Y te envía fotos de ella aquí? ¿A ti?
-No lo sé, a lo mejor quiere decirme que esta aquí, que la controla, que sabe dónde está… -miró a Elijah – Es un poco estupido, pero supongo que querrá intimidarme.
-No es estupido, lo que sí es, es ilógico. Desconcertante. ¿Y ha venido hasta aquí?
-Hay algo más... –dijo metiendo la mano en el sobre –Algo duro, no sé qué… ¡Oh dios mío! –gritó.
-¿Qué?
-¡Oh dios! ¡Es una de las piezas de Totó!
-¿Qué? –preguntó Elijah acercándose -¡Pero que animal! ¿Tiene a Totó? ¡Ah, mataré a mi padre, le ordené que la vigilara!
-¡Tantos años juntos!
-¿Cómo puede haber hecho algo así?
-Bueno… -Elijah le miró y Jen dijo con calma – De todos modos estaba muy vieja y se tenía que cambiar solo que no nos atrevíamos a dar el paso.
-¿Qué dices? ¿Encima le tendremos que dar las gracias?
-¿Quién sabe, Elijah?: igual nos ha ahorrado un accidente.
-Hm, bueno, visto así…Pero ¿qué hay de seguir a Mel?
-Es inútil preocuparse o asustarnos, creo que solo quiso llamarnos la atención.
-¿Entonces dices que...lo vas a ignorar?
-Mel se perdió y él no hizo nada ¿recuerdas? –Elijah asintió - ¡Ah, maldita sea, es súper tarde, tengo que ir a cambiarme! ¡Asegúrate de que Mika no hace la cena!
-A veces envidio su forma de ser-suspiró Elijah.


Enelya y Mel iban hacia su habitación.
-¡Ah que bien sienta! –dijo Mel estirando sus brazos y después se abrazó a si misma -¡Es indescriptible la sensación de calidez y suavidad que proporciona el albornoz!
-Sí. Pero me da algo de vergüenza ir medio desnuda por el pasillo…
-No estamos desnudas, estamos con el albornoz –dijo Mel girándose un poco hacia ella-¡Oye!
-¿Sí?
-¿Y qué planes tenéis Elijah y tú?
-¿Planes?
-Para esta noche. Estaréis solos. ¿No?
-No deberías hablar de ese modo, me incomoda -dijo sonrojándose y Mel río con una carcajada que contagió a su amiga –La verdad es que prefiero no pensar.
-Pues yo me paso el día pensando.
-¡Cualquiera lo diría!
-¡Eh!
-¿Cómo pudiste perderte?
-Hm –Mel se detuvo –No lo sé. Pero me encontré con gente muy simpática que me ayudó. Hice fotos muy bonitas…
-Ya. Eres incorregible –ambas rieron.
Ambas se pararon al ver a Jensen acercándose a ellas.
-Hola –saludó pasando de largo.
-¿Sabes, Mel?...Nunca hubiera creído que todo esto pudiera llegar a ocurrirme a mí –dijo Enelya –Con mi vida tranquila, aburrida y a veces demasiado seria… Mi timidez o mi indecisión me ataban tanto… ¿Oye?
-¿Eh?
-¿Sabes que tu actitud podría ser motivo de investigación? –le recriminó Enelya –Se te caen las babas.
-Di lo que quieras pero lo tengo merecido. Después de cuanto pasé… ¡Oh, además, es imposible que a ti no te parezca guapo! ¿Acaso no le ves?
-Podría decirte lo mismo de mi chico.
-No, no podrías.
-¿Qué quieres decir con eso? –le preguntó Enelya.
-¡Sencillamente que no me parece ni la mitad de guapo!
-¡Bueno, quizás en general no, pero estoy segura de que tiene mejores partes que Jensen.
-¡Oh, perdona, perdona! ¡Imposible!
-Vale, bien –dijo Enelya - ¿Qué me dices de sus ojos?
-¡Vamos ya! ¿Ojos? ¡Empezando por…! –Enelya le dio un codazo para que guardara silencio.
-Ah, hola chicas –saludó Elijah pasando por su lado.
-Hola –dijo Mel. Enelya le sonrió.
Cuando estuvo un poco lejos ambas rieron juntas y se metieron en la habitación.