miércoles, 14 de enero de 2009

Capitulo 28

-¿Hola, Enelya? –preguntó Mel escondida en un rincón, con el móvil pegado a su oreja. Miró a su alrededor, observando el hipnótico parpadeo de las velas que habían en las mesas y dejándose llevar por la relajante música que se oía de fondo. El color del local era de un anaranjado que recordaba al atardecer del otoño, el olor se mezclaba entre aromas de cocina exótica y las velas aromáticas que adornaban gran parte del lugar. Las mesas del centro estaban muy bien atendidas pero lo que llamaba la atención eran esas pequeñas habitaciones, que no eran más que mesas rodeadas por puertas finas de papel, correderas, que daban un toque de privacidad a quienes se encontraban en su interior. Ella tenía una reserva en una de aquellas salas. Las personas eran amables, la miraban y la saludaban con un suave movimiento de cabeza, aunque no la conocieran de nada. Era como estar en un pedacito del cielo -¿Puedes hablar ahora? ¿Me oyes? –miró el móvil con un suspiro. La cobertura era mala siempre pero lo peor era aquella tormenta que se había despertado cuando entraban en aquel local. Fuertes vientos, lluvia torrencial…aunque en aquel cálido lugar era difícil imaginar que fuera estaba haciendo tan mal tiempo.
Lastima, le hubiera gustado compartir ese momento con ella.
Aunque en realidad era algo que debía saborear ella sola ¿no?.
¿Por qué estaba tan nerviosa?
Cuando supo que tenía que sentarse en el suelo, sobre un cojín pequeño, se alegró de llevar pantalones. La mesa estaba prácticamente a dos palmos del suelo y sobre ella habían platos de diferentes colores.
Pensaba en ello cuando se detuvo frente al shoji, la puerta de papel corredera.
Nada más llegar no entró en ese espacio donde el te dejaba un aroma suave. Echó un rápido vistazo y pidió perdón por tener que ausentarse un segundo.
¿Realmente estaba teniendo una cita?
Estaba tan emocionada que tenía que hacer grandes esfuerzos para no llorar de emoción.
Miraba a la gente a su alrededor y era difícil no gritarles lo mucho que había deseado tener ese momento, que no imaginaban por lo que había pasado.
Bien, era el momento.
Apyó su mano sobre la manecilla y la hizo correr con suavidad. El ronroneo de la puerta hizo que su corazón palpitara con fuerza.
-Perdona ¿qué? –preguntó Jensen al teléfono. Ella le miró unos segundos y después entró. Apareció una japonesa que cerró la puerta y mel se sentó al otro lado de la diminuta mesa, frente a él. Nunca le había visto más guapo. Y aquello la ponía aun más nerviosa. Pero eran amigos, habían hablado otras muchas veces ¿no? Y ahora no se atrevía ni a mover la mano para colocar bien el cojín. Sus movimientos se hacían pesados, se sentía torpe. Y ya había notado que sus mejillas ardían. Miró alrededor intentando no quedarse frente a él como un búho, observando todos sus movimientos. Pero era casi imposible apartar la mirada de sus ojos verdes -¿Qué? –ella ahogó un grito sobresaltada -¿Oye…? –musitó algo y dejó el móvil sobre la mesita. Me miró el movil y lentamente dirigió su mirada hacia él que mantenía una extraña sonrisa nerviosa muy forzada-No pasa nada. Esta noche..es importante. ¡Te ves preciosa!
-Ay dios mío ¿qué ha pasado?
-Nada.
-Estas temblando –observó ella.
-Ha volado.
-¿A volado?
-El local. E…me acaba de llamar Elijah, le llamó antes su padre. El local a… no…No está.
Mel no se movió. No respiraba.
No lograba dar significado a las palabras de Jensen.
-… ¿No…? Pero…
-¿Sabes qué?, no se puede hacer nada de todos modos, así que no permitiremos que eso estropee esta noche.
-Pero…
-Verás. Mel, solo quería decirte que… -el móvil empezó a vibrar sobre la mesa y ambos lo miraron –No dejaré que nos interrumpan –ella arqueó una ceja – Si no quieres no…
-¡Responde! –a duras penas había dicho aquello como él ya tenia el aparato en su oreja.
-Ah es mi padre… -Mel se llevó la mano al corazón: ¿qué le había ocurrido al local? ¿El padre de Elijah se encontraba bien? -¿Qué? –Mel le miró -¡No! …pero… ¿qué?... ¿Oye? ¡Oye! –Jensen miró el móvil con los ojos muy abiertos.
-¿Jensen? –él la miró.
-Me caso-dijo con voz queda.
-¿Qué?
-Mi padre dice que yo…pero….
-¿Qué te qué? –preguntó ella.
-¡No, no te alarmes, no es nada!
-¡No, ya veo! –exclamó ella -¿Qué demonios te ha dicho?
-Bueno, es algo de lo que habla siempre, pero jamás le tomé en serio…
-Oh dios mío…-musitó ella sintiendo que le faltaba el aire.
-Hablaba de Erika como si fuera a formar parte de su familia…. –se quedó callado y ella le miró. Estaba pálido.
-¿Estás bien? –preguntó ella sin querer reírse por la ironía de la pregunta.
-Creo que me esta dando un infarto –respondió frotándose la frente.
Alguien llamó suavemente a la puerta y se asomó una de las camareras.
-buenas noches –dijo con acento japonés – No quisiera molestarles, pero nos vemos obligados a informarles de que se ha producido un imprevisto.
-¿Para la cena? –preguntó Jensen –No importa, la verdad….
-Em, no –respondió la camarera sin acabar de entrar- El viento y el agua hacen que resulte imposible abandonar el local –Mel abrió los ojos mientras la mujer seguía diciendo- Estamos en alerta naranja…Quizás esta noche haya un Tifón. Los móviles no tienen cobertura. Pero deben mantener la calma, en breve se les dirá lo que deben hacer. Gracias por su atención –cerró la puerta corredera.
Sin respirar ni cerrar los ojos, Mel se giró hacia Jensen.
-Creo que me voy a desmayar –musitó por lo bajo él.
-¿El local donde trabajábamos….ha volado? –preguntó ella.
-Warren no dio muchos detalles al respecto… ¿no notas como si faltara el aire?
-¿Y quién es Erika?
-Palpitaciones, mareo ¿ves unas manchas rojas?....
-Creo…que el mundo no esta preparado para que tú y yo estemos juntos –él la miró – Es el Apocalipsis. Seguramente si llegáramos a tener algún tipo de relación sexual nacería el anticristo. Es… ¿dijiste machas rojas?
-¡Bien, no perdamos la calma!
-¿Bromeas? ¡Hay un tifón allá fuera!
-¿Quieres salir conmigo?
-¿Afuera?
-No, no –alargó su brazo estirando su mano hacia ella –Mel, me gustas. Quizás no me di cuenta del modo que tocaba y no reaccioné como debería pero organice todo esto para pedirte que fueras mi novia. Ya…ya sé que se han complicado las cosas y que ahora no parezca el momento más oportuno…. –Mel miró la mano de Jensen sobre la mesa, esperando aceptar la suya – No quiero perderte. Quiero regresar a casa contigo.
-jensen…
-Sí, lo sé –ambos se miraron –Enma, Bianca, Marc o…Erika….
-O Dorian.
-¿Quién es Dorian?
-Qué más da –suspiró ella.
-Esto es el Titanic, pero aunque todo este mal a nuestro alrededor y el mundo se parta en dos, quiero que estés a mi lado y estar yo al tuyo. Entiendo perfectamente que puedas estar harta de tener que luchar y que parezca que no vamos a poder disfrutar de una relación normal, pero a pesar de eso, Mel…
-No debiste esforzarte en pensar un discurso.
-No, bueno, este no es…lo pensé, lo ensayé, te lo juro, pero cuando la camarera dijo “Tifón”, se me fue de la cabeza todo y he improvisado.
-No quería decir que no te esforzaras en tu discurso, quiero decir que no debiste pensar en uno. ¿No te das cuenta?: mira a tu alrededor…. Esto es un desastre. Cría que lo de la Universidad y la carta era lo peor que me podía ocurrir pero obviamente estaba lejos de la realidad.
-¿Entonces? –preguntó él apartando su mano con lentitud.
-No importa –él la miró sin comprender y ella alargó su mano para sujetar la de él – No importa lo que ocurra, lo que tenga que soportar. No… ¡No sabría por dónde empezar!...me gusta tu forma de ser, como te tomas las cosas y cuando te enfadas sin estar enfadado…. Como cuidas de todos y como te preocupas…Me gusta el color de tus ojos y lo he memorizado sellando mi corazón para siempre. Rezaba cada mañana para que rozaras mi cuerpo con tu ropa al pasar por mi lado. Y aun tengo muy presente cuando rogaba a dios una oportunidad para poder hablar contigo. Y ahora, después de Enma, Bianca y con el Tifón encima, me doy cuenta de que eres tú. Y nadie más.
-¿El que va a acabar con tus nervios?
-No –sonrió ella –El dueño de mi corazón, de mi destino y de mi vida.
-No voy a soltarte jamás, Mel. Nunca más me voy a separar de ti –ella sonrió con los ojos empañados en lágrimas de felicidad – Creo que el resto del local se ha volatilizado –ella rió por lo bajo -…pero estaré a tu lado.
-Puedes soltar mi mano –le dijo ella casi riendo.
-Gracias –dijo soltándola incorporándose – Creo que la esquinita de la mesa a dibujado una cicatriz en mi torso ¡pero será la nueva marca de mi amor por ti!
-¿Sabes?, querría levantarme para acercarme a ti y sellar este momento de emoción y pánico con un beso, pero…
-Sí, ya entiendo lo que quieres decir.
-¿Vamos a ver qué hacen los japoneses?
-Vamos a verlo –dijo levantándose al mismo tiempo que ella – Hace rato que oigo el golpe del viento contra las paredes del garito: pone la piel de gallina.
-No sé a qué enfrentarme primero, a Erika, al local volatilizado … -miró detrás suya y agarró la chaqueta de Jensen – Tu padre va a odiarme casi tanto como el padre de Enelya a El… -algo cayó al suelo –Ah, vaya, perdona… -se agachó para recogerlo.
Jensen se acercó a ella y abrió los ojos al ver las fotografías esparcidas por el suelo.
-¡Lo había olvidado! –dijo él. Ella se levantó sujetándolas con la mano. Levantó la mirada para encontrarse la de él.
-¿Qué demonios es esto?
-No son mías.
-No sé si alegrarme… ¿Sabes que parece la obra de un psicópata?
-Bueno, no…en realidad no sé quién las hizo –ella abrió sus ojos – Me las dio Mika, se las había dado un chico.
-¿Qué?
-¡No le di importancia, ya sabes! ¡No podía ser…!
-¿Marc? ¿Dorian? ¡Cuando me perdí…!
-¡No ocurrió nada!
-Oh dios mío ¿tanto me odia?
-¿Bianca?
-¡Me refería a Marc pero por todos los cielos! ¡También podría ser ella!
-Eh, eh –la abrazó – Es problema suyo ¿de acuerdo?... ¿Oye?
-Que bien hueles.
-Ahora no te duermas ¿eh? –ella sonrió - ¿Quién es Dorian?
-Será mejor que empecemos a hacer una lista para los temas pendientes –dijo ella apartándose un poco -¿De acuerdo?

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