miércoles, 14 de enero de 2009

Capitulo 30

-¿Papá? –Elijah colocó la pequeña mochila tras su espalda mientras sujetaba la correa con la mano derecha. Con la izquierda empujó un poco la puerta que llevaba al sótano de la casa, un lugar en el que a Warren le gustaba dejarse perder muy de vez en cuando.
Las escaleras de madera crujían sobre los pasos de Elijah que notó un frío seco golpeándole la cara. Pensó en detenerse y abrocharse la chaqueta que llevaba pero se distrajo al oís algo en el fondo. Estaban las luces apagadas y Elijah se daba cuenta de lo lúgrube que parecía aquello sin luz, sin ruidos –Papá si estás ahí di algo, porque estoy por subir las escaleras y cerrar la puerta tapiándola con trozos de madera…. Y quizás santificar el lugar –agregó por lo bajo intentando ver en la oscuridad.
-Ya viste cómo quedó –dijo la voz de Warren. Elijah arqueó una ceja. No le veía, no veía más allá de sus pies. La luz de arriba no llegaba más allá.
-Papá no pasa nada…
-Tu sueño, mi futuro…
-El se… -Elijah frunció el ceño, le molestaba no ver con quien hablaba – El seguro dijo que pagaría y cargaría con los desperfectos, además, ya me buscaré la vida, no te preocupes ¿puedes encender la luz?
-Un maldito incendio. Las llamas consumieron todo.
-Papá tengo que hablar contigo, necesito verte.
-Me siento cómodo en la oscuridad.
-Si, eso fue lo primero que dijo Anakin Skywolker y no quiero recordarte cómo terminó todo.
-¿Porqué? ¿Crees que no te entraran ganas de matarme cuando te des cuenta de lo que he hecho?
-¿Y mamá?
-No lo sé, a comprar, creo. Salió esta mañana, yo vine a arrastrarme hasta aquí.
-No entiendo porqué te martirizas tanto, no es culpa tuya…. Papá….
-Dale al interruptor.
-Estoy en las escaleras.
-Pues baja y dale.
-Es que no veo.
-Yo tampoco.
-Genial. Como si no me bastara tener este tipo de conversaciones con Jensen ahora las tengo con el lado oscuro de la familia Wood. Vale, escucha, voy a bajar, tú no te muevas ¿de acuerdo?
-Cuidado con las ratas –dijo Warren. Elijah se quedó inmóvil, con el pie derecho casi rozándole siguiente escalón.
-¿Ratas? ¿Del tipo Ratoncito Pérez o del tipo mutante voy a raptarte y comerte de un solo bocado?
-De las segundas.
-¡Joder¡ -dijo subiendo dos escalones -¿Y estás ahí, a oscuras, con ellas? ¿Ya hablan?
-Creo que es el lugar en el que merezco estar.
-Vale, papá, si te tienen atado y amordazado y te obligan a decir todo eso, hazme una señal –se quedó en silencio -¿Me estás haciendo una señal?
-No.
-Voy a por una pila.
-Tu madre fue a por una y se le cayó. No quedan más en casa.
-A ver, asi que bajaste al sótano, te quedaste a oscuras, te da mieditis confesarlo y ahora no sabes cómo subir…. ¿se fundió la bombilla otra vez? Oye ¿y porqué no sigues la luz? Carolain lo hizo y bueno, está bien, en las otras dos de Polgesteirs lo pasó canutas pero….
-Tu madre fue a comprar pilas, pero ya sabes como es. Habrá visto a alguien, habrán empezado a hablar…. Le comentará lo ocurrido, ella le responderá y después vendrán a verme y van a hacer como que lo sienten. Pero les daré pena. Y yo me sentiré cada vez más deprimente.
-Ya está –encendió una pila -¿Decías algo? Me fui a buscar la pila de peluche que le regalé a Enelya. No sabia si la tendría o no, pero si.
-No, no decía nada importante, deliraba como un viejo chocho.
-¿Voy bien? ¿Puedes venir tú hacia mi?
-Sí.
-Vale.
Elijah se paró al bajar el último escalón. La oscuridad era tan densa que parecía rodearle, empujándole hacia la nada. Su padre colocó su mano sobre el hombro de Elijah que ahogó un grito.
-Elijah, soy tu padre. –Elijah le alumbro el rostro y Warren movió las cejas -¿Ahora vas a gritar que no y me dejaras que te corte la mano?
-¿Has bebido?
-Sabes que no me gusta el alcohol. Y no me gusta que me trates como a un niño.
-Es que a veces, papá… -movió la cabeza como si le recriminara algo a un niño pequeño. Warren suspiró y apartó la mano.
-¿Cómo van las cosas con la familia de Enelya?
-Voy a hablar con ellos esta tarde, en la hora del té.
-¿A las 17?
-Sí.
-¿Y qué les pasa? ¿Acaso un Word no es suficientemente bueno para ellos?
-No si hay un Ackles cerca, por lo visto.
-¿Es mejor que tú?
-No. Tiene más dinero que yo.
-Ah.
-Si. –guardó silencio unos pocos segundos -Creo que sus padres esperaban que entre ellos surgiera algo más intenso que la amistad y debían hacer planes “a lo grande” para su futuro.
-Es como “Romeo y Julieta”
-No es como “Romeo y Julieta” –dijo Elijah frunciendo el ceño.
-Si tú te llevaras mal con Jensen quizás lo seria, hijo mío –Warren apoyó su mano en el hombro de su hijo que le miraba arqueando una ceja – Quizás lo seria.
-Todo el mundo quiere a Jensen, no podría llevarme mal con él ni queriendo. No te preocupes por eso.
-¿Y qué clase de nombre es ese? ¿Jensen? ¿Y su apellido? Parece el nombre de un vino añejo… ¿y como demonios se pronuncia? ¿Ackles? ¿Ackels?
-¿Podemos subir?
-Si, creo que la oscuridad ha afectado mi cerebro.
Elijah sonrió y su padre le devolvió la sonrisa.
-No pienses más en el local –dijo Eijah subiendo las escaleras siguiendo a su padre. Warren se detuvo.
-Sabes que cuentas con todo mi apoyo ¿verdad?
-Sí papá.
-¡Por el amor de el gran Dany Kaye! –exclamó su madre desde la entrada -¿Aún estáis allí abajo? ¡Haced el favor de subir ahora mismo!
Alan miró la hora de su reloj y suspiró mientras se dejaba caer sentado sobre la esquina del sofá de dos plazas del salón.
Observó en silencio los movimientos de Claire, su esposa, que estaba arreglándose el pelo delante del espejo que había cerca de la entrada. Claire era una mujer de carácter fuerte y decidido, una mujer responsable y juiciosa, Alan se había casado con ella unos años después de perder a la madre de Jensen. Y ambos la habían acogido como una matriarca. Trabajaba mucho, parecía que era lo que más le gustaba a Claire, estar en el trabajo, hablar de los logros obtenidos por el esfuerzo… A Alan, le gustaban las cenas empresariales con sus compañeros, porque siempre terminaban hablando de todo menos de la empresa. Pero reían, bebían un poco, se despejaban…. Porque había mucha presión en el cargo y su dinero siempre parecía peligrar. Aunque no fuera así.
Los amigos de Claire se compraban coches de último modelo cada mes, pero Alan ahorraba.
Era una de las discusiones que más se repetían: el ahorrar.
Claire no quería ahorrar, no veía el sentido a aquello, necesitaba estar a la última. Que hablaran de ella aunque solo fuera por ese collar de perlas que lucía o por ese nuevo peinado que habría costado mucho.
A Alan siempre le había hecho gracia, le hacia sentir galán y bien, darle regalos, hacerla feliz con dinero.
Pero esa tarde Alan estaba angustiado.
Mientras Jensen estuvo en Japón, Claire empezó a hablar y a hablar, a planear, a decir…
Ahora se sentía confuso.
Nunca había tenido un problema con su hijo.
Era un joven alegre, muy independiente, tanto que nunca pidió dinero. Trabajó para ganarse lo que necesitaba –así compró un coche que casi jamás usaba, compartía piso con otros chicos…iba a Japón – era sumamente cariñoso, detallista, tenía un sentido del humor que animaba las comidas en las reuniones familiares y estudiaba en una buena universidad sacando unas notas para sentirse orgulloso de él.
No dejaba que le pagara nada. Alan se sentía un poco rechazado por ello pero jamás dijo nada y centraba su frustración en Claire, comprándole más cosas. Y ella parecía muy feliz con ello.
Alan apoyó el mentón sobre sus manos, inclinándose un poco hacia delante, hasta que sus codos tocaros sus rodillas.
Pensó en lo diferentes que eran Jensen y Claire.
No se peleaban nunca, porque Jensen iba a su mundo, no se interponía entre ella y su padre. La respetaba y Alan comprobaba una y otra vez como su hijo la trataba como a un miembro más de la familia. Así tenía que ser.
Pero algo había cambiado, Alan podía sentirlo, pero no sabía qué.
-¿Se retrasan?-preguntó Claire colocando su melena por encima de sus hombros. Alan parpadeó y miró su reloj. Negó con la cabeza -¿Y tu hijo?
Alan la miró, se mordió los labios suavemente y guardó silencio.
¿Siempre había dicho “tu hijo” o era porque estaba disgustada con él?
La independencia de Jensen no había molestado nunca Claire hasta que el padre de Erika se sentó en la butaca con su gran puro, inhalo una bocanada de humo y dijo aquello de que ya era edad para que sus dos hijos salieran formalmente y presentarles en sociedad juntos, como pareja. Alan sintió un pinchazo en la boca del estomago que casi hizo que devolviera el canapé de “chimimisú” o lo que fuera, mientras que Claire parecía abrir una cola de pavo inmensa y brillaba como el sol.
¿Habían pactado aquello? ¿O se daba por entendido? ¿Era correcto? ¿Era necesario?
Claire se sentía tan feliz que Alan no pudo menos que sonreír y el padre de Erika le estrechó con fuerza su mano.
Todos felices, todos brindando, todos bien.
Alan pensó que Erika era una joven hermosa. Una bailarina rubia, de ojos cristalinos y azules, mejillas sonrosadas, tal como una estatua de porcelana.
Elegante, educada, tímida, con futuro.
Y se llevaba bien con su hijo.
Bien, si, todo el mundo parecía llevarse bien con Jensen.
-¿Estudiará medicina? –preguntó Claire colocándose el pendiente. Alana la miró. Estaba hermosa. Pero no servia de nada decírselo, ella era insegura y necesitaba esas joyas para sentirse hermosa.
-¿Quién? ¿Jensen?
-¡Oh, por dios, no hagas preguntas estupidas, Alan! –dijo molesta mirándose en el espejo -¡Claro¡
-Está estudiando…. –Alan frunció el ceño: ¿Publicidad? ¿Comerciales?
Quería abrir un local con Elijah, pero no recordaba más.
¿Hablaba demasiado poco con su hijo o eran los nervios de tener que recibir a los padres de Erika? ¿Eran nervios por Claire, que estaba histérica, o eran nervios porque sentía que algo no iba bien?
Pero ¿qué no iba bien?
-¡No se te ocurra mencionar lo de ese local y mucho menos a su amigo! –dictaminó Claire señalándole con el dedo. Alan sonrió.
-Tranquilízate.
-¡A veces pienso que te pareces demasiado a tu hijo! ¿Seguro que ya estás listo?
-Cariño, podría ir en un saco de patatas y teniéndote al lado brillaría como un girasol en verano, seria el hombre más hermoso solo por estar a tu lado.
-Poemas después, amor –dijo ella con una sonrisa y miró el reloj de encima de la mesita. Alan hizo lo mismo. Un reloj de oro, de un viaje a Marruecos. ¿O a África? Por cierto ¡que reloj más feo! -¿Dónde está tu hijo? –Claire abrió sus ojos -¿No se presentará con su “amiguita”? ¡Oh dios mío! ¿Y si aparece con esa…moto? ¡La ropa¡ Deberíamos preparársela ¡y que entre por detrás¡
-¡Ah, si, ya recuerdo! –Claire le miró y Alan sonrió mirándola – África.
-Llámale. ¡Y dile que se comporte como se le enseñó, que no sea vulgar!
Alan sacó su movil del bolsillo de la americana.
Llamar a su principito, al que se le habían enseñado todos los modales dignos para casarse con una reina, como mínimo.
Si dios bajaba reencarnada en una mujer, Jensen sería su igual. Según Claire.
Los buenos modales son el toque distintivo de tu personalidad, con ellos irradiarás elegancia, naturalidad, sencillez y mostrarás tu buena educación. Debes tener en mente que mostrando buenos modales con los demás conseguirás unas mejores relaciones.
Alan recordaba aquellas palabras de la joven institutriz Sofí Layter, mientras un jovencísimo Jensen de seis años y medio atendía sentado en el suelo, rodeado por sus juguetes y un peluche en la mano.
Una institutriz que le enseñaría todo lo que necesitaría saber del mundo salvaje social en el que se encontraría de mayor. Así lo dijo su madre con una sonrisa. Pero a su madre le gustaba mucho estar con su pequeño y este a duras penas iba a clases cuando ella estaba en casa. Hasta que enfermo, su pequeña flor de su jardín privado fue apagándose, marchitándose entre sus dedos sin poder hacer nada.
Después llegaron las preguntas: ¿dónde está mamá? ¿Por qué lloras papá?.
A los diez años Jensen se abrazó a su padre y le dijo que no llorara, que él siempre estaría a su lado.
¡Diez años!, no. Un niño pequeño no tiene porqué sentirse así.
Así que Alan tomó fuerzas, se casó con Claire de la que se enamoró en un viaje y pasaron a ser una familia.
-¿Jensen? –preguntó Alan pegado al móvil. Carraspeó por lo bajo, no se había dado cuenta de que estaba sollozando entre recuerdos del pasado –Hijo, te estamos esperando, no tardes, sabes que llegar después de los invitados….Si, de acuerdo -sonrió –No, no hace falta que vengas con esmoquin, ni que entres cantando ni tocando el piano. Solo basta que aparezcas. Te esperamos graciosillo.
-¿Y? –preguntó Claire parando frente a alana.
-Ya viene.

1 comentario:

  1. Pues que delicada la madre de Jensen, que acaso piensan que Mel es poca cosa, por Dios!!!!, en fin veremos que pasa.
    Besos

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