miércoles, 14 de enero de 2009

Capitulo 25

Cuando te encuentras frente a algo grande, no solo por el tamaño, si no grande de magnificencia creo que, irremediablemente te sientes mejor.
Más pequeña, más frágil, menos importante.
Eso es bueno.
Es una sensación relajante.
Ahora resulta que tus problemas son suspiros que se lleva el viento y la sombra que hace ese monumento cubre tus miedos, esconde tus inseguridades.

Y después te encuentras rodeada por la naturaleza, entre enormes árboles centenarios o a veces milenarios, encuentras una construcción antigua, hermosa, imponente, que te habla de guerras, sufrimiento pero también de orgullo y fuerza.

Un lago tan grande como los sueños de los antiguos emperadores, rodea el palacio hecho con madera de varios colores, todos naturales, todos hermosos.

Mel miró su reloj y después echó una rápida ojeada a la cola. El sol iba en descenso a una velocidad casi imposible ¿o es que las horas pasaban más deprisa estando en aquel lugar?
Vió a Jensen acercándose con dos etiquetas rojas en la mano, con cara de frustración y ella arqueo una ceja.
-Toma –dijo él dándole un ticket –Dice que la próxima apertura es dentro de media hora.
-¡Ah bueno! –exclamó ella -¡Creía que habíamos subido los mil escalones para nada! ¡Que nos dirían que hoy ya no nos dejaban entrar!
-¡Bueno! –dijo con una sonrisa -¡Igual es lo que me ha dicho porque mi japonés no es mejor que su español!
-¿Le has dicho “Arigato”? Ya sabes que aprecian mucho la educación y la amabilidad.
-Le he dicho “Tu gato” pero creo que me entendió igual.
-¿Cómo es posible que no aprendas una palabra tan fácil? Creo que deberías ser generoso con la humanidad y permitir que la ciencia hurgue en tu cerebro.
-Hace demasiado frío para pensar –dijo sentándose en una de las rocas salientes –Y esa cola no se mueve.
-¿Al final has hablado con Elijah?
-¡No! –dijo él abriendo sus ojos –Hablé con la otra parte implicada.
-Hm.
-¿Qué significa ese ruido? –le preguntó él.
-Es que creo que es a eso a lo que se refería Elijah. Tú y Enelya…
-¿Porqué os complicáis tanto la vida? – le interrumpió él con suavidad y ella le miró sin decir nada – Pensáis demasiado, os preocupáis mucho hasta cuando no hay de qué. No sé, es… ¡absurdo!
-¿Y tú no te preocupas nunca de nada? Es solo curiosidad
-¡Claro que me preocupo!
-Di algún ejemplo.
-El negocio que tenemos entre manos Elijah y yo, por ejemplo, me preocupa: ¿Lo podremos llevar? ¿Estará bien? ¿Lo sacaremos adelante?
-¡Que responsable! –rió Mel.
-Te infundo más respeto ¿eh?
-¿Y qué son esas pruebas del hospital? ¿Qué te ocurre? Y no me vengas con que eres un marciano y te están explorando ¿vale?
-Eso no es importante.
-Pero ni siquiera se lo has contando a Elijah. Ni a Enelya.
-¡Porque no es importante! –respondió él haciendo una mueca -¿Qué pasa? ¿A que vienen tantas preguntas?
-Esta claro que eres un misterio para mí.
-No sé si alegrarme, ¿es un halago?
-Tu forma de ser, de ver las cosas, de afrontarlas…
-Oh, si hay que escribir una tesis sobre eso.
-¡No te burles de mí! –sonrió Mel-¿Sabes qué? ¡Me encanta cuando nieva! Todo se ve más tranquilo, se ve más bonito…
-Mañana es el día que habíamos quedado para ir a esquiar todos juntos.
-Yo no sé esquiar.
-Si, por eso es tan importante llegar la cámara.
-¿Crees que la pareja feliz no vendrá?
-¡Habrán arreglado las cosas para cuando regresemos a casa, con los pies hechos puré, las manos congeladas y con un gran sentimiento de culpa por robar una de las piedras del estanque seco y sagrado del monte!
-¡Es un recuerdo!
-Bonita, para eso están los souvenirs.
-No es lo mismo.
-No. Claro. No es ilegal. No es robar.
-Creía que contaba con tu apoyo, se supone que estamos juntos en esto Jensen –le dijo ella cerrando el puño con fuerza –O… ¿Jani-kun?
-¡Mika es absolutamente incompetente para aprenderse los nombres, no es culpa mía! –Mel se echó a reír.
Le encantaba poder hablar así con él. Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que creyó que ya nunca más retomaría esa confianza.
-¿Te has parado a pensar en lo diferente que va a ser todo cuando regresemos a las clases? –le preguntó ella, metiendo sus manos en los bolsillos, parada de pie frente a él.
-No han cambiado muchas cosas.
-Para empezar, Elijah y Enelya salen juntos. Y tú y yo no nos hablábamos ¿recuerdas?
-No lo sé –sollozó por lo bajo -¡Tengo tanto frío que creo que se me están congelando las neuronas del recuerdo!
-Quiero que sepas algo, Jensen.
-Creo que la cola se ha movido ¿ha pasado media hora?
-¿Me escuchas un momento, por favor?
-Sí, claro. Igual me muero de hipotermia pero te escucho. Puede que tengan que sacarme de esta roca con espátula, pero te escucho.
-Ya no estoy enfadada contigo. Ni te guardo rencor. Ya no me siento incómoda. Creo que puedo confiar en ti y bajaré la guardia.
-¿Lo suficiente como para explicarme quién es ese tipo que te sigue?
-¿Cómo sabes…?
-Y espero que permitas que le de una lección a Bianca si se atreve a hacerte alguna cosa más.
-¡Ese comentario es infantil¡ -rió Mel –Pero gracias.
-¿Y qué hay del tipo?
-Se llama Dorian. Ya le conocía.
-¿Y?
-No sé.
-¿Cómo es que conoce a Bianca? ¿Por qué te sigue?
-¡Nos llaman! –dijo ella de repente.
-¿Qué le pasa a ese tipo? ¡Parece que le han metido un enjambre de avispas debajo de la chaqueta!
-¡Vamos, nos están esperando todos!-dijo Mel tirando de su mano para que se levantara.
-¡Voy, voy! ¡Pero tenemos una conversación pendiente!
-Si el japonés no nos hace al sushi –dijo ella acelerando el paso.

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