Cuando Jensen abrió la puerta del apartamento y Mel entró, le extrañó aquel repentino silencio pues siempre que había ido a esa casa siempre hubo un grito, alguien corriendo, riendo, persiguiendo algo…
Miró a ambos lados sujetando la pequeña mochila con las manos y se asomó desde la entrada, a duras penas después de dar tres pasos.
Detrás de la puerta, a su derecha, se encontraba el sofá. A su lado, la ventana que daba a la calle principal desde donde se veía la puerta del bloque. Frente al sofá, un televisor plasma con algunas figuras de muñecos de animes. Delante del sofá una mesa de cristal rectangular sobre una diminuta alfombra con cierto aire oriental. Había revistas sobre coches, cocina japonesa, comics y un manual de instrucciones para algo.
Al lado del televisor se encontraba la estantería con libros. De la Universidad, de lectura…
A la izquierda de la puerta donde se encontraba Mel, estaba la diminuta sala de estar. Una mesa redonda de madera y unas sillas rodeándolas. Un mueble en la pared con algunos cajones.
Frente a ella, a algunos metros, se encontraba la puerta de cristal, abierta en ese momento, que dejaba ver el pasillo.
Y a cada lado, las habitaciones de los chicos y al final del pasillo, la cocina.
-¿Oye? –le dijo él desde el pasillo.
-¿Y la gente?
-Está en la pizarra –dijo desapareciendo al entrar en su habitación.
La pizarra estaba colgada de la pared, en la parte de la diminuta sala de estar. Era una pizarra donde anotaban con un boli las tareas, los pedidos, los avisos.
Mel cerró la puerta, dejó la mochila en la mesa y se acercó a la pizarra.
“Este mes hay que pagar….”, algo indescifrable. No era la letra de Jensen porque ella la conocía.
“Key sale con su novia: regresará tarde”
Y dos mensajes medio borrados. Mel arqueó la ceja.
Suspiró y se preguntó si aquello significaba que se encontraba a solas con él.
Ya había estado otras veces allí, pero nunca con tanto silencio, nunca sola con Jensen.
Y nunca teniendo tan claros sus sentimientos: ¿sería la señal del destino que esperaba para poder declararse?.
-¿Quieres comer algo…? –preguntó él asomándose desde el pasillo. Ella negó con la cabeza sonriendo. No tenía hambre, solo un cierto estado de nerviosismo que empezaba a provocarle cierto calor. Era agradable sentir aquel incomodo cosquilleo en la boca del estomago.
-¿Te molesta que me haya auto invitado? –preguntó ella por pura educación, recogiendo su mochila.
-Me alegra comprobar que tenemos la suficiente confianza para ello –le respondió él con amabilidad -¿Ya tienes todo preparado para ir a Japón?
-¡Si! -respondió alegremente Mel -¡Lo cierto es que tengo que quitar muchas cosas de algunas maletas pero me hace tanta ilusión que lo preparé todo casi al día siguiente de comprar los billetes! ¿Y sabes qué?
-Qué.
-¡Dicen que para cuando vayamos, nevará.
-Así que vamos a pillar una pulmonía… -ella le dió un suave golpe con la mochila.
-No, tonto: podremos ver la nieve de Japón. Esquiar. Patinar…
-Ya lo entendí, solo bromeaba –le respondió con una sonrisa -¿Quieres ver dónde vas a dormir?
-Como saques la caseta de ese bicho que tuvisteis de inquilino… -él rió por lo bajo mientras entraba en su habitación-¿Te pone nervioso estar a solas conmigo? –preguntó ella burlona en el momento en el que se asomaba a la habitación. El corazon le dio un vuelco, odiaba no poder controlar esas cosas.
La cama estaba un poco deshecha. La ventana se encontraba abierta con las finas cortinas de colores suaves corrida. Delante de la cama, a escasos pasos, el escritorio con el ordenador y la pantalla encendida. Y a su derecha, el armario empotrado.
No había fotos de chicas de revistas. De hecho ni había fotos de familia. Solo dos, en el escritorio, en la estantería que había justo encima del ordenador portátil.
Una era la foto que se hicieron a principio de curso, donde también se encontraban algunos compañeros de clase: Luís, Margie, Susy…. Y el monigote del tutor por ahí asomándose.
Y la otra era de él con Enelya, sentados en la terraza de un bar, riéndose de algo que debió ser muy gracioso.
Mel sonrió enternecida: eran muy amigos.
-¿Qué decías? –preguntó él cerrando las persianas. Se giró y la miró.
-Nada. Me acabo de dar cuenta de que eres una persona a la que le cuesta muco abrirse a los demás ¿verdad? –miró la fotografía de Enelya –Y con ella conectaste mucho. Te fue bien, quiero decir, que te sentó bien. Es algo positivo, te abriste un poco más al mundo.
-La tomó Elijah –dijo cogiendo la fotografía. Estaba colgando de uno de esos portarretratos con forma de animalito, del que sale un pequeño cable de hierro y al final hay una pinza en la que colocas la foto-En realidad era él quien tenía que estar y no yo. Era lo que Enelya había planeado.
-Las cosas no siempre salen como una quiere –dijo Mel.
-Me quedé con la foto porque ella no la quería y me ayuda a recordar que todo, siempre, cuesta algo. Pero en ese momento no sabía que iba a salir bien y que todo ese sacrificio, esa agonía, por así decirlo, puede valer la pena.
-¿No quiso la foto?
-No es que me la tirara a la cara rechazándola –Mel rió – Es más bien que no le importó no tenerla, no sé, nada importante.
-¿Y esta de la clase?
-La obra de teatro ¿recuerdas? –dijo colocando la de Enelya en su sitio –La obra de fin de curso.
-¡Lo había olvidado¡
-Aun no nos conocíamos mucho.
-Creo que ni te había hablado ¿puedo? –preguntó haciendo mención de cogerla. Él asintió. Mel observó la foto dejando la mochila en el suelo con la otra mano.
En aquella época a duras penas hablaba con él. Empezaba a conocer a Enelya de verdad -¿Y porqué la tienes?
-Porque me encantó actuar. Fue divertido, con esos nervios, los gritos del tutor, la improvisación…
-Aparte de Enelya ¿tienes algún amigo más? Me refiero a amigo cercano, no a compañeros de clase –le dijo devolviéndole la foto.
-Es una pregunta incomoda- le dijo recogiendo la foto.
-Es que soy alguien desagradable –respondió ella con una mueca.
-A ver… -dijo con un breve suspiro – No pensé que eso fuera importante. Confraternizar mucho con la gente no me importaba demasiado. Tenia lo que necesitaba: ese pequeño club de fans histéricas que, aunque sé que es malo debo confesarlo, hacían que mi autoestima estuviera muy por encima de lo que se considera “bien”
-Engreído –dijo ella entrecerrando los ojos y después sonrió.
-Los chicos se comportaban conmigo de forma extraña, ya sabes, como si yo fuera un ejemplo a seguir…
-¡Así que no solo eres popular entre las chicas!
-No me gustaba pero podía soportarlo, además, a veces me iba bien. Siempre que necesitaba algo, lo obtenía. Apuntes, cambio de turno para alguna actividad extra… No puedo sentirme culpable porque lo hacían por voluntad propia. Y jamás abuse de ello.
-¿Y no te enamoraste jamás?
-Esta si que es incomoda –dijo dejándose caer sentando en la cama.
-Lo siento, de verdad, perdona pero no puedo evitar sentir curiosidad. Eres tan reservado siempre y tan amable, pero a la vez tan…no sé…
-No es incomodo porque tenga que hablar de relaciones, es incomodo porque me lo preguntas tú.
Mel se sonrojó. No se había dado cuenta de ello.
-Gran parte de culpa es tuya –dijo ella. Se sentó en la silla del ordenador mirándola –Porque como no sé qué sientes…
-¡Es absurdo que utilices ese argumento cuando hace solo un minuto te dije eso en la plaza! –le dijo él sin estar enfadado, casi con burla.
-Hablamos pero no nos entendemos –dijo ella-¿Te das cuenta? Somos amigos, nos lo decimos todo pero no decimos nada. Si ahora te preguntara por lo que estoy pensando sobre lo que sea, no sabrías qué decir y creo que lo mismo me ocurriría a mí. No lo entiendo, porque de verdad que me parece que eres sincero y dices cuanto piensas pero no… no nos entendemos. No sé qué sientes, no sé cómo estás… y hablo diciendo cosas que quizás te hagan daño… ¡o no!....No sé….
-Es porque después de lo sucedido en la playa no debimos seguir viéndonos. No debimos seguir como si no hubiera ocurrido nada.
-No quise que te alejaras de mí jamás.
-¿Por qué? –preguntó él -¡Es de locos¡ ¿Acaso no soy la persona que más daño te ha hecho jamás?
-Sí.
-¿Y no has vivido lo peor de tu vida, por mi culpa?
-Sí.
-Entonces ¿no lo entendiste? ¡Tenías que alejarte de mí!. Y después… no sabía cómo acercarme pero reaccionabas como si no hubiera pasado nada. Pensé que quizás no le dabas importancia y se la quité yo. Le quité importancia, actué como pedías en ese momento, quizás era lo que necesitabas, aun cuando era mejor alejarte de mí. ¡Pero cruzaste el límite! ¿Por qué te acercaste tanto a Enma?
-¿Y porqué no? Al fin y al cabo ella es la chica que te gusta y quería saber quién era. O qué tenía ella que no tuviera yo.
-Solo que no eras tú.
-¿Tan horrible te parezco?
-No, no lo has entendido.
-A eso iba.
-No, calla, escucha –dijo con rapidez – Enma no eras tú. Mi idea era alejarme de ti. Si Enma no se parece a ti parece un plan perfecto. Y antes de que me lo preguntes o me lo recrimines, el que no se parezca a ti no es algo bueno. Necesitaba que no fueras tú, que no se pareciera ti. Porque me disgustaba, me hacia daño, me oprimía el pecho pensar en ti. ¡No porque me parezcas horrible¡ Es por que me parecías una persona magnifica, alguien muy especial, siempre pensé que eres muy valiente y me gusta cómo tomas las decisiones y me agradan las decisiones que tomas. Haberte rechazado fue lo más estupido que hice jamás, me sentía tan mal….que no podía soportar la idea de verte y no tenerte. ¿Pero entendiste alguna vez los motivos por los que te alejé de mí, Mel?
-Aquello sí. Lo respete, lo entendí. Pero… ¿ya está? ¿Se acabó?...Si tan magnifica te parecía o te parezco ¿entonces porqué no puedo…? –guardó silencio –No lo sabías.
-¿Qué?
-¿Creíste que yo te odiaba?
-Bueno, sería lo más lógico.
-¿Y creíste que por ese rechazo de la playa, dejaste de gustarme?
-Y apareció Marc y entonces yo ¿qué demonios pinto en todo eso? Pero seguiste acercándote a mí. Y no quiero volver ha alejarte. Esta bien tenerte como amiga antes de… no tenerte.
Mel se llevó la mano al pecho y abrió los ojos.
-¿Qué?
-¿Te estas riendo de mí?
-¡No¡ -aseguró ella- ¡No estoy saliendo con Marc! ¡De hecho ni me gusta!
-¿Y esa escena de celos en el hospital? –preguntó él entrecerrando los ojos.
-¡Se le va la pinza! –se levantó para sentarse al lado de él apoyando una pierna sobre la cama - ¿Ves? ¡Por fin nos entendemos¡ ¿Tan difícil era?
-¿Te sientes mejor?
-Sí –asintió ella - ¿Qué hay con Enma?
-¿Qué quieres decir?
-¿Te…gusta? –él esbozó una sonrisa.
-De acuerdo –se enderezó como si fuera a concentrarse mucho – De una vez por todas, para que quede claro y no haya más malos entendidos o equivocaciones entre tú y yo, Mel… -ella asintió sin dejar de estar a la expectativa –Japón.
-… ¿Qué demonios significa eso?
-Tú misma lo dijiste: esperaríamos a Japón. Así que….
Mel sonrió.
Por alguna razón, ahora tenía un gran sentimiento positivo.
Cuando le dijo en el Parque que esperara a Japón, Mel estaba convencida de que le diría que no la quería, que no le gustaba, que, definitivamente, se alejara de él.
Pero en aquel momento, frente a esa mirada pícara y esa perfecta sonrisa, tenía un buen presentimiento.
¡Tenía muchas cosas que contarles a Enelya y a Elijah!
miércoles, 14 de enero de 2009
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