miércoles, 14 de enero de 2009

Capitulo 19

Mel se encontraba sentada en la fuente de agua, bajo el animado cantar de los grillos y las estrellas relucientes del verano.
Ya no quedaba nadie allí, era tan tarde que todos se encontraban en sus casas cenando o reunidos alrededor de algún televisor viendo las últimas noticias de día.
No hacía nada.
Ni tan solo estaba pensando.
Solo permanecía allí desde hacia unas horas, cuando había salido para reunirse con sus amigos en el “Ñam-ñam” y al final, desvió sus pasos hasta llegar a la fuente.
Sentada sobre una pierna, dejando colgar la otra, hipnotizada bajo el balanceo de su pie. Mente en blanco.
Suspiró por lo bajo y miró el cielo estrellado.
Que lejanas estaban aquellas estrellas.
Iba a terminar el verano en Japón, con sus amigos.
Elijah, que se había vuelto un poco más seguro y eso le daba un toque gracioso, a su ver. A veces, cuando hablaba con él, sonreía para si misma pensando en dónde estaría el titubeante Elijah que desviaba la mirada a casi todo el mundo. Se habían distanciado, pero en realidad no lo lamentaba. En cierto modo estaba segura de que si le necesitaba, acudiría a ella. Ahora iba al cine con Enelya, se susurraban cositas al oído y a veces comentaban cosas entre ellos de otros temas que habían hablado y ella no sabía de qué hablaban.
Y Enelya era tan especial: era buena amiga, buena persona… Se reían juntas de sus inseguridades cuando aun no estaba con el que ahora era su novio.
Alguien con quien sabia que podía confiar. Ojala la hubiera conocido mucho más cuando ocurrió todo lo que ocurrió cuando estaba en la facultad, con Bianca.
Mel se mordió el labio inferior preguntándose si debería hablarles a sus amigos de Dorian.
Había averiguado su nombre al oírselo decir a Bianca en uno de sus encuentros en la plaza mayor. A Mel se le daba bien seguir a la gente y más a la gente que la seguía a ella.
Dorian la había estado siguiendo desde hacia varios meses. Tampoco le extrañó verle en la discoteca la noche anterior, cuando salió con las chicas.
Tenía algo que ver con Bianca pero no lograba saber qué. Y se había empeñado en averiguarlo.
¿Les seguiría Dorian hasta Japón?: resultaría extraño, hasta intimidante.
De acuerdo, si Dorian la seguía hasta allí, se lo diría a sus amigos.
No le tenía miedo, ni siquiera la intimidaba. Y cuantos más días pasaban, menos le molestaba. Había aprendido a ignorarle.
¿De qué se trataba? ¿De anotar a todos los sitios donde fuera?
Lo que si sería para anotar era el comportamiento de Marcos.
¡Ay, ese Marquitos!
Ya eran pocas las veces en las que Mel conseguía estar sola con Jensen y a decir verdad, desde que decidió aceptar la idea de estar enamorada de él y estar asumiéndolo, se veían menos. Era una exageración porque en realidad lo había dejado ir la noche anterior… pero si deseaba tanto verle ¿por qué no acudió al “Ñam-ñan”?
La respuesta era tan dura que sentía que le aplastaba una montaña: su indiferencia.
Era buen amigo y hablaban y se reían…pero…el corazón le hacia “cric” cada vez que recordaba que eran solo buenos amigos.
Y era una carga bastante pesada.
Estaba enamorada hasta los huesos, desearía controlar sus sueños para dedicárselos a él nada más. Le gustaba como se movía, cómo reía, cómo hablaba y cómo pensaba, cómo actuaba…
Se sentía tan boba que sería capaz de echarse a cantar su carta de amor dando saltos sobre la fuente:

“…Me gustaría compartir, aunque sea un poquito de calor, con ese corazón
…voy a estar aquí siempre...
Si te vas en un viaje en el que no mirarás atrás
seré el viento que siempre te siga... a cualquier lugar...

… El lirio de vidrio que hay en mi corazón
por favor quiébralo con tus dedos”

Pero ahora la carta tendría un trágico final al más puro estilo:

“Aunque he logrado sacarte de mi cabeza, no he podido hacer nada con mi corazón”

¿Por qué las mejores frases se le ocurrían cuando no tenía con qué escribir?
Si Dorian se encontrara cerca igual podría pedirle un lápiz.
¿Y qué más daba?
No iba a volver a entregarle otra carta de amor, no solo por lo humillante si no por el resultado obtenido con la humillante derrota.
Estaba segura de que si ahora le confesaba que seguía tan –o más- enamorada que nunca, él volvería a rechazarla.
Te quiero ¿por qué tú no puedes quererme?

Porque no es el momento, porque aun no sé si te quiero, porque no estamos preparados, porque es demasiado reciente, porque no me gustas –si era esa respuesta pensaba internarse en un claustro – porque me gusta Enma –opción que ni debía plantearse.

Enma.
¡Como si las cosas no estuvieran suficientemente difíciles, vino para complicarlas!
Quizás para Enma se tratara de un juego pero era imposible hacerle entender que no era algo que debía hacer. Porque no había ningún mal en su acción, según ella. Y porque al fin y al cabo, a su modo de ver, salían todos ganando: ella y ellos.
Y ya sabía que no podía, de ninguna manera, advertir a Jensen, no solo porque no la tomaría en serio sino porque, seguramente, se enfadaría por estar tocándole las narices -¡tan linda la suya! –otra vez, respecto al tema.

Paciencia.
Era lo único que podía tener, su arma. Y seguir cerca de él.
Con el “cric” siempre asomándose.
Querría darle su futuro, hacerle entender que de entre tantos miles de humanos aquí y allá, el coincidir y el enamorarse el uno del otro era lo más maravilloso que podía ocurrir. Llamarlo destino. O felicidad.

Mel frunció el ceño: estaba a tope, tenia que conseguir un lápiz como fuera porque así podría escribirles un poema/canción a sus dos mejores amigos, Elijah y Enelya.

Sacó su móvil y la luz de la pantalla la deslumbró unos segundos durante los cuales sus ojos le escocieron un poco.

Este universo inmenso y profundo
Todos buscan sólo a una persona.
Mi voz te llamará por siempre
Si nos encontramos, te daré hasta mi futuro…

Pero ¿tenía eso algo que ver con ellos dos?
Demasiado pluralizado, quería regalarles algo hermoso.

Mel no notó una presencia acercándose a ella. Estaba concentrada escribiendo en su móvil, sin darse cuenta de que una sombra se detuvo detrás suya.
-¿El sol tiene el color de la miel?
Mel dio un fuerte grito e intentó levantarse pero tropezó con su pierna dormida por tenerla quieta tanto tiempo y quedó sentada en el suelo. Su móvil cayó cerca de ella.
-¡Idiota, casi me matas del susto! –exclamó ella.
-Te pasa por estar en el parque sola a estas horas –le dijo Jensen con indiferencia.
-¿Cómo se te ocurre leer lo que estoy escribiendo? –preguntó ella alargando su brazo para llegar a alcanzar el móvil. Lo miró preguntándose si se habría roto. Suspiró aliviada al comprobar que no era así y miró la mano que le ofrecía él para ayudarla a levantarse-¿Qué haces aquí a estas horas? –preguntó ella aceptando su mano.
-No respondías al móvil.
-Porque lo tuve apagado hasta ahora –suspiró soltándole la mano con un poco de brusquedad y se sacudió los pantalones – Necesitaba pensar.
-¿En el color del sol?
-Mira que eres crío… -dijo ella frunciendo el ceño-Quería escribir algo bonito para Elijah y Enelya. No tengo lápiz así que pensé en el móvil…pero ahora se ha borrado todo, por tu culpa. ¿Estabas preocupado por mí? –preguntó ella pestañeando exageradamente.
-Quería comentarte lo de que Enma se uniera al viaje.
-¿A mí?
Jensen se sentó donde había estado sentada ella hacia un segundo. Mel se sintió un poco tonta al quedarse quieta frente a él, observándole como quien observa un amanecer.
-También va a venir Marcos.
Mel rió. Él la miró sin comprenderla.
-¡Menudo viajecito! ¡No teníamos pensado que fuera a resultar así de acompañado! –se sentó a su lado sonriendo y él le devolvió la sonrisa -¡Esto cambia muchas cosas!. Aunque, si lo piensas, muchas cosas ya han cambiado desde que planeamos ir, como nuestra pareja de oro.
-Mucho menos Enma.
-Creo que a ti te preocupa más ella que a mi misma –dijo Mel en tono de burla.
-Necesitaría que bajaras la guardia, Mel –le pidió él. Ella sintió como si se desinflara como un globo – Relájate un poco ¿crees que podrás?
-Después del susto que me has dado…- se excusó ella.
-No entiendo cómo has permitido que ella entre en nuestras vidas de este modo, no sé si debería alegrarme. Es decir, no es que pida que no superes mi decisión, el…rechazo –dijo como si le doliera decirlo -…pero hacerte amiga suya, que venga a Japón…
-No lo planeé –dijo ella desviando su mirada sonrojada: ¿tenia que ser tan sincero? Hablar de aquello le resultaba embarazoso.
Se hizo el silencio.
El canto de los grillos sustituyó sus palabras.
Mel no se atrevía a moverse, a duras penas a respirar.
-¿Qué tal la noche que salisteis?
-¡Ah bien! –respondió ella animadamente – Un poco imprevista pero bien, la verdad…Enma me dijo… bueno, me dijo que tú le interesabas –“por así decirlo”
-Sí, ya lo sé, me envió un mensaje esta tarde.
-Ah – Mel pensó “!Rayos, si que es rápida!” – Bueno….¿está bien que hablemos de estas cosas nosotros dos? –él sonrió mirándola.
-No lo sé, es extraño.
-Realmente extraño –afirmó ella.
-Sobretodo porque jamás dejé que te expresaras –se levantó bajo la mirada de Mel – No sé qué piensas, qué sientes… No sé si te molesta que hable contigo, o que te comente algunas cosas… No sé cómo acercarme a ti.
Mel sintió como un bloque de hielo le atravesaba el corazón: ¿tan perdido estaba? ¿Tan escasa era la posibilidad de que ella no hubiera renunciado a él?
Vale, pero Jensen tenia razón, por hacerse la amable, Mel vió de buen agrado que Enma le pidiera lo que fuera por teléfono. Y además, se hacia amiga suya.
Si que debía de estar confuso.
¿Eran amigos de conveniencia porque eran amigos de los que eran sus amigos? ¿Estaban conformes con seguir sus vidas cada uno por su lado? ¿Había algún tipo de espinilla o problemilla por resolver entre ellos?
-No te odio –dijo ella débilmente. Él descendió su mirada hacia ella- Creo que no podría aunque quisiera.
-Gracias. Ya sabes que en Japón vas a tener que compartir habitación con ella ¿verdad? –Mel asintió.
-¿Te gusta? –titubeó Mel.
-Si te digo que si y salgo con ella ¿afectaría nuestra relación de alguna manera?
-¿Me preguntas si puedes salir con ella?
-No. Pero en la playa te dije que no lo hacía por Enma… y si ahora saliera con ella parecería que no es así.
-No debes pedirme permiso –dijo Mel levantándose – No puedo decirte qué debes hacer o qué no. Pero… antes de actuar ¿podrás esperar a regresar de Japón?
-Es una petición muy rara…pero creo que quizás podría intentarlo.
-Vale –sonrió ella.
-Te acompaño hasta tu casa.
-¡Oh, no, no, déjame que te acompañe yo hasta la tuya y déjame dormir allí¡ ¡Adoro a tus okupa-compañeros de piso!
-Como quieras –dijo encogiéndose de hombros –No entiendo cómo puedes soportarlo, pero…de acuerdo.
-¡Gracias¡ -dijo ella sonrientemente.

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