46.
La cena había sido romántica, la que Enelya desearía poder recordar como una postal que siempre consigue que tengas buenos recuerdos aunque jamás hayas estado-o vivido – en el lugar que refleja la imagen. Aunque ella si lo había vivido.
Había estado hablando y riendo, notando como sus miradas se hacían mas intensas y los silencios se prolongaban hasta que uno de los dos lo rompía con una sonrisa. No sabia qué significaba aquel gesto, una sonrisa suave, un rubor, un movimiento suave… pero le gustaba.
Cenaron en la mesa pequeña, en el salón, sentados en el suelo, sobre unas alfombras que fueron a comprar juntos ya ni recordaba cuando. La mesa era oscura y tenia un jarrón con flores exóticas en el centro. Los platos eran pequeños, se dio cuenta de que a duras penas había tocado la cena. La cena que habían preparado juntos hacia ya unas horas -¿horas?, como pasaba el tiempo – entre risas, acaricias, momentos para buscar cubiertos interrumpidos por besos largos, tiernos, muy bien acompañados por caricias.
La mesa era tan pequeña que casi estaban sentados uno al lado del otro. A ella le fascinaba como se movía él, aquella noche más que cualquier otra.
Ambos sabían que no recordarían de qué habían hablado, o qué habían cenado.
Quizás recordarían el detalle del color de las servilletas o alguna cosa sin importancia.
La mejor parte de la noche fue cuando se acurrucaron en el sofá, Enelya hecha un caracol muy cerca de Elijah, oyendo como respiraba, sintiendo sus latidos fuertes y continuos, a veces a acelerados, mientras veían la televisión.
El silencio.
Después, sin saber cómo ni cuándo, empezaron a jugar: Enelya tenía muchas cosquillas y él buscaba la zona del cuerpo de ella para hacerla reír con fuerza, cosa que ocurría muy frecuentemente. Enelya intentaba apartarle las manos, sin intención de hacerlo, quizás se dejaba llevar por el reflejo.
Las respiraciones se aceleraron, sus cuerpos se acercaron y sus rostros parecieron encontrarse en mitad del mundo que les rodeaba.
Ella sonrió observándole con detenimiento.
Él la miró con ternura y le acarició la mejilla con suavidad.
Enelya quedó tumbada boca arriba con el cuerpo del chico casi sobre ella.
Él quería preguntarle si estaba bien, si se encontraba cómoda, pero era imposible pronunciar una palabra, interrumpir aquellos gestos, las miradas.
El cuerpo de Enelya se estremeció cuando notó la mano grande y fuerte acariciándole la espalda, por debajo de su ropa. Sonrió sin dejar de mirarle.
En el momento en el que sus labios se juntaron la pasión poseyó sus cuerpos y se dejaron llevar por la emoción, por el amor que sentían el uno por el otro.
Enelya se sintió amada en todo momento, de forma cómoda, de forma mágica. Y no le preocupó que él la viera desnuda porque no pensaba. Era un amasijo de sentimientos envueltos en carne de gallina por sentir cada beso, cada caricia, cada roce. La felicidad de sentirse unida a alguien, el momento de saber con certeza que estaba realmente enamorada y poder dejarse llevar por el deseo de su cuerpo, de su corazón.
(…)
Cuando abrió sus ojos lo hizo de forma lenta y tranquila.
Se encontraba cubierta por una manta nórdica con dibujos asiáticos –no recordaba haberla comprado en Japón, ni recordaba que Elijah lo hubiera hecho, pero era cómoda y caliente, era como estar sobre una nube –y se recostaba sobre el pecho de Elijah, que respiraba de forma profunda. Dormía.
Ella le acarició la cara, el cuello, el pecho.
Después sonrió y colocó su cabeza donde podría oír los latidos del corazón de su amante. Y se quedó quieta y sonriente durante minutos. Horas.
Sintiendo que si él viajaba hasta el otro extremo del mundo, estarían unidos. Ya no se alejarían jamás.
Enelya notó como él le acariciaba el pelo pero no se movió.
-Te quiero –dijo él.
Ella guardó silencio. Quizás él pensaba que ella dormía.
Enelya podría decirle que estaba dormida desde el día que empezaron a salir juntos y su relación era su mejor sueño.
Podría decirle que también le quería.
Podría decirle que le amaba, que se alegraba de haber estado con él aquella noche, que le había entregado su alma, su corazón y su cuerpo con pasión. Con locura.
Pero las palabras eran solo ruidos molestos. En aquel momento prefirió guardar silencio, perderse con la voz de Elijah y sentir su mano sobre sus cabellos.
Cerró los ojos y sonrió.
Las vacaciones de Navidad fueron una sucesión de días llenos de risas, besos, amor y pasión desenfrenada.
No salieron del estudio, se entregaron el uno al otro.
Algunas veces estuvieron a punto de llamar a sus padres, a sus amigos, pero siempre acababan distrayéndose el uno con el otro, había mucho que descubrir, mucho que explorar.
Una de las tardes en las que el fuego pasional de sus cuerpos les había llevado hasta la reconfortante cama de Elijah y él se encontraba abrazándola por la espalda y ella abrazada a sus brazos, Enelya se giró suavemente hacia Elijah y sus miradas se encontraron.
-Hola –susurró ella y él solo sonrió besándola después -¿Has llamado a esa mujer?
-Paula.
-Sí.
-La llamé antes de las vacaciones.
-¿Te ha dicho algo?
-No me iré hasta terminar el curso, si es lo que te preocupa –respondió él colocándole un mechón de pelo – Y en ese momento, el momento de irme, podrías venir conmigo. De hecho, vendrás ¿verdad? Halley no tiene un futuro tan impresionante para ti como el que te puede ofrecer Los Ángeles.
-Te seguiría hasta el fin del mundo.
-Tú eres mi mundo –le dijo él con un susurro suave. Enelya sonrió sin dejar de mirarle.
-Te quiero –dijo ella.
-Lo sé.
-No te lo había dicho antes, no sé muy bien porqué, pero lo sabes, lo sabias ¿verdad? –él asintió –En serio, de verdad, te quiero –él le acarició la mejilla mirándola y ella agregó –No quiero estropear este momento, pero…
-Bueno, algo de la magia se rompió cuando mencionaste a Paula –se burló él.
-Es porque creo que desconectamos los móviles y no descolgamos ni una sola vez cuando llamaron desde que empezaron las vacaciones.
-¿Crees que el mundo no sigue ahí fuera?
-No, tonto –sonrió ella.
-No vinieron los bomberos así que todos saben que estamos bien.
-Estamos bien –repitió ella ensimismada.
Las vacaciones de Navidad terminaban esa semana.
Volvería la rutina, el mundo, los amigos. Y su amor, más fuerte que nunca.
martes, 10 de marzo de 2009
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Me gustó mucho, es muy tierno como dices las cosas, siempre encuentras las palabras adecuadas para crear imágenes agradables de momentos precisos y en consecuencia preciosos
ResponderEliminarMe he emocionado mucho... creo que todas las chicas Wood hemos soñado con que Lij nos digas "Tú eres mi mundo", pero más allá de eso, todas hemos deseado compartir con el hombre de nuestros sueños una primera vez tan mágica y tan romántica, cada una poniéndole la cara y el nombre que le roba los suspiros.
ResponderEliminarLa verdad es que creo que todo lo que te pueda decir se queda corto, simplemente lo he vivido junto con Enelya y me parece... que sabes lo que quiero decir con eso ¿verdad?
Mil gracias por darme unos buenos días tan hermosos TQM!!
ainsssss un capitulo genial.. muy tierno ^^
ResponderEliminarOiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, asi o màs tierno, me encanto, me encanto, me encantoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooxdxdxdxd.
ResponderEliminarBesos
MAO WOOD (Con el permiso de Souless)
P.D. Auch!!!!!!!!!!!!! creo que sone como Gaia, perdòn....
ResponderEliminarBesos
Mao WOOD (Con el permiso de Souless)