miércoles, 14 de enero de 2009

Capitulo 13

Elijah estaba acostumbrado a moverse como una serpiente por el pequeño apartamento de Jensen. Siempre tenía que ir deslizándose de un lugar a otro, escurriéndose y esquivando trastos o gente.
Pero aquella tarde, una de las más calurosas de ese verano que estaba resultando el mejor de su vida, el apartamento estaba vacío.
Se encontraba sentado en el suelo, lo cual le parecía interesante pero un poco incomodo. Aun así, prefirió no decírselo a su amigo, porque había perdido la batalla contra el japonés (¿Chuli?) y en esa sala se comía al estilo tradicional japonés. Jensen tenia buen perder siempre, era todo paciencia. Además el japonés resultó un melancólico y era bien capaz de estarle llorando en el hombro durante toda la noche, maullando palabras en japonés que harían referencia a su ciudad, su idioma y sus costumbres.
Elijah observó sus zapatos tirados en la entrada de la casa.
-Lo siento –dijo Jensen dejándose caer sentado al otro lado de la minúscula mesa de madera –“Goku” se nos pone histérico si entramos con los zapatos. Pero las zapatillas son cómodas, aunque… tengo que perseguirlas por todo el apartamento. ¡A veces creo que tienen vida propia¡ Se escurren de mis pies y…
-¡No pasa nada! –aseguró Elijah –Además, así nos serás practico para el viaje a Japón.
-No quiero ser el práctico. Quiero ser el vago.
-Oye…
-Qué –dijo acercándole una lata de un refresco que tenía un color entre azul y violáceo. Elijah arqueó una ceja –Es del Neocelandés. Estoy seguro de que es algo ecológico.
-Oye ¿no te estresa demasiado vivir aquí?
-No estoy tanto como para eso –sonrió Jensen.
-Les consientes demasiado –sonrió Elijah tomando un sorbo de su bebida.
-¿Y tu otra mitad? –le preguntó Jensen –Últimamente no se os ve separados ni por casualidad.
-Es raro que tú no sepas dónde está. Antes era yo el que no sabia nada de ella… -Jensen asintió pensativo y Elijah sonrió – He de admitir, aunque suene a cruel y egoísta, que eso me gusta.
-¡Así que estás pilladísimo¡
-¡Todas las canciones que son melosas, cansinas y a veces te dejan una extraña sensación de vergüenza ajena cuando gritan a los cuatro vientos que están enamorados, tienen sentido ahora!
-…Pero no te pondrás a cantarlas ahora ¿verdad?
-Es como si no me importara lo que sucede a mi alrededor: ¿Qué hace demasiada calor?, estoy feliz. ¿Qué pierdo el metro?, soy feliz. Y el corazón me late a mil por hora.
-¡Ah mira, como a los canarios¡ Te hacia más periquito.
-A veces no sé cómo actuar –confesó Elijah desviando la mirada hacia la lata. Se quedó pensativo unos segundos – No sé si debo besarla en publico o le molestará. No sé si la agobiaré demasiado por querer verla cada día… Solo quiero que esté bien, que sea feliz… -le miró - ¿Sabes que es realmente difícil hablarle de esto a alguien?: Da vergüenza. Y si ese alguien, además de hacerte comparaciones absurdas con un ave enana de colores vistosos, encima hace muecas…
-¡No hacia muecas¡ ¡Me había atragantado y no quería interrumpirte¡
-¿Te interesa o no?
-La felicidad de mi mejor amiga es primordial para mí, ya te lo dije una vez –le dijo Jensen-¿Y qué has pensado para “la tercera cita”?
-¿Tercera cita? Pero si ya hemos salido más de cinco veces.
-Me refiero a la, comillas, tercera cita, cierro comillas.
Elijah le miró sin decir nada. Jensen le devolvió la mirada.
Elijah arqueó una ceja.
-¿Eing?
-Porque la seguridad y el bienestar de Enelya sigue siendo igual de importante para mí –le dijo Jensen – Hablo de vuestro encuentro, por dios, de “el gran momento”. ¡Ni se te ocurra presionarla! ¿eh?
-Hemos hablado muy poco y muy por encima de eso –le explicó Elijah sin acabar de entender porqué tenía que contárselo a Jensen- Y como ha de ser algo especial….hemos pensado en hacer algo bonito en Japón, en el viaje, ya sabes.
-¿Tan convencido estáis de que el dinero va a bastar para eso?
-Yo tengo algo ahorrado –sonrió Elijah- ¿Puedo preguntarte ahora yo?
-¡No¡
-¿Por qué?
-¡porque vas a preguntarme por Mel y vas a mencionarme a Enma como si hablaras del mismísimo dios de los infiernos! ¡Y eso me da rabia ¿entiendes?¡ Porque no la conocéis y la juzgáis severamente.
-Hace solo unas semanas estabas medio tonto por Mel. Y ella no parecía muy indiferente….
-Por no mencionar a ese Marc…
-¿Y no intentaste averiguar nada?
-¿A qué te refieres? –preguntó Jensen moviendo un poco su pierna. Empezaban a dormiseles, no había pensado estar tanto tiempo hablando.
-¡A que te has movido muy poco¡ Parecía que ibas a mover tierra, mar y cielo por Mel y de repente…
-¡Ah, ah¡ -interrumpió Jensen levantando la mano. Elijah guardó silencio- ¿Pero de qué vas? ¡En todo momento me he sentido presionado y acorralado por vuestra parte¡
-¿Perdona?
-¡Yo jamás dije que quisiera a mel¡
-¡Porque tú jamás te mojas¡ Sinceramente, Jensen, no lo entiendo. Viniendo de ti, que eres una persona muy decidida y tan dinámica, no entiendo qué te ocurre con ella.
-Vale –dijo jensen levantándose - ¿Sabes qué te digo?
-Dime –dijo Elijah mirándole un poco sorprendido por la expresión de su amigo.
-Que nada de esto es asunto tuyo. Y que no t incumbe. Y que me dejéis en paz de una vez ¿de acuerdo?
-Hm –asintió Elijah y tomo un sorbo de aquel refresco – Si ella no te importara, como insinúas, no te alterarías tanto.
-No sabes nada.
-bien, yo he de irme –dijo Elijah levantándose con calma – Tengo tres cosas que decirte, Jen. Una es que este método no es cómodo, se me han dormido tanto las piernas que voy a tener que ir andando a paso de pingüino hasta llegar a donde quedé con Enelya. Y eso me molesta un poco ¿sabes?, aun quiero darle buena impresión. Dos: ese refresco sabe a sardinas. Será ecologista y estará fresco pero es asqueroso. Y tres: Mel va cada atardecer a la parte de la playa donde esta esa casucha vieja abandonada, la de los pescadores ¿sabes?. Le gusta estar allí hasta bastante tarde.
-No voy a ir.
-No creo que esté Marc.
-No me importa, no quiero ir, no necesito ir.
-No sé qué te ocurre, pero la verdad es que me gustaría muchísimo que …
-No termines la frase, vas a sonar demasiado estupido –Elijah arqueó una ceja un poco ofendido –Ya sé que ahora eres feliz, que tocas el cielo con los dedos, que estas genial y bla bla bla…Pero ¿te has parado a pensar que estoy bien así como estoy?
-Me voy, llego tarde… -abrió la puerta diciendo –Además. No quiero terminar discutiendo contigo.
-¡No voy a ir¡
-¡Está bien¡ -cerró la puerta con cierta brusquedad.

Mel se había puesto su chándal más cómodo que no era precisamente el más caluroso.
Era viejo y estaba un poco roto, sobretodo por la parte del tobillo derecho. Pero para ir a pasear por la orilla de la playa ya le bastaba.
No solía llevar el pelo atado con una cola, pero sabía que no iba a encontrarse a nadie: la seguridad de la soledad le permitía esos pequeños lujos.
Después de un tranquilo paseo por la orilla de la playa, se sentó bajo una barca volcada boca abajo, sujetada con un gran palo, abandonada hacia muchos años. Ya no se acercaba a la caseta de los pescadores desde que encontró a una parejita dentro y se asustaron tanto ellos como ella. Pero ella además pasó mucha vergüenza.
Pasó sus brazos alrededor de sus piernas encogidas y miró como salía la luna a lo lejos.
¡Era todo perfecto¡
Tranquila, con sus gastadísimos pantalones de la buena suerte, sus tenis, su chaqueta de chándal y su cola: nada de glamour, nada de retoques. Y tranquilidad. Paz.
Apoyó su cabeza sobre sus brazos preguntándose cómo sería estar con alguien bajo ese mismo cielo, alguien como ahora tenía Enelya.
¡Enelya estaba tan feliz¡
Elijah también. Mel creía que se verían menos pero no había notado mucho la distancia porque Elijah solía llamarla. Además, ella había tenido sus propios quebraderos de cabeza.
Suspiró cerrando un poco los ojos, escuchando las olas del mar rompiéndose cerca de la orilla. Unas voces lejanas de algunos turistas que paseaban cerca y una lejana luz brillante: el faro.
Marc era un chico un tanto especial. Era delgadito como una espiga. Siempre estaba muy pálido y cuando sonreía se le abrían los ojos y la nariz tanto que parecía uno de los extraterrestres de una de las películas de Arnold Schwarzenegger. Mel rió por lo bajo sin poder contenerse. Era cruel pero no era culpa suya. Además, debajo de la barca rota y húmeda no habían reglas morales.
Marc era tímido y bastante patoso. Le había ido detrás desde que eran niños. Pero solamente porque Mel era la única chica con la que Marc había hablado jamás. Por tonta, por ser demasiado buena. Le dio pena y se acercó a él.
Volvió a reírse sola al recordar la nariz de Marc.
No le veía desde hacia bastantes días, pero era mejor, porque ahora se sentía tremendamente ridícula al pensar que había intentado poner celoso y despertar así algún tipo de interés, a Jensen. ¡Con Marc!.
Si le llegaba a ver…
Mel sintió un escalofrío y suspiró profundamente.
Puñetera Enma tocapelotas.
Era una chica social, amable, saludable, divertida y bastante carismática.
Además practicaba deporte por lo que tenía un cuerpo perfecto.
Claro, era la pareja ideal para Jensen.
Mel apoyó su frente sobre sus brazos hundiendo su cabeza: a pesar de todo, se sentía muy feliz por haber hablado con él.
Porque recordaba perfectamente todas y cada una de las veces en las que se había cruzado con él y no se habían ni mirado –bueno, ella sí, pero no valía -. Las veces en las que había lanzado un lápiz cerca de su sitio para acercarse a él, pero jamás se atrevió a hablarle.
Y ese verano….habían trabajado juntos.
Habían ido juntos a comer, a la tienda, a casa de Elijah. Juntos en grupo, solos no, por supuesto.
Mel volvió a apoyar su cabeza sobre sus brazos y sintió como le ardían las mejillas. Pero le ocurría siempre que pensaba en él.
Había conseguido controlar muy bien su cambio de color, cual iguana, cuando estaba cerca del chico de sus sueños.
¡Y todo lo de Bianca!
Se lamentaba por haber hablado de aquel modo desenfadado y despreocupado con Elijah olvidando la presencia de jensen, aquella maldita tarde después del trabajo.
La alarma de su reloj pitó suavemente y ella lo miró con pereza.
Las 21.30.
Hora de volver a casa. Tampoco era muy recomendable quedarse hasta tarde sola, en la playa.
Estiró sus piernas y después sus brazos.
Y cuando iba a levantarse vió una silueta a lo lejos: la reconocería aunque hubiera la más espesa de las nieblas porque la tenía muy bien estudiada.
-Joder –musitó ella -…Joder ¡Joderjoderjoder¡ -masculló escondiéndose dentro de la barca: ¿qué demonios hacia Jensen en la playa? ¿A aquellas horas? ¡Y ella con esas pintas¡. Mel apretó sus puños y maldijo a Elijah en sus pensamientos: ¿en qué demonios pensaba ese tio al enviarle allí a Jensen sin avisarla antes?
Mel se acurrucó como un caracol en un hueco que había en la barca, en una sombra y dejó de respirar: “mierda”
“Bien, el objetivo esta cerca, no te muevas, con un poco de suerte pasara de largo. No insistirá, es tarde, tiene que volver casa. Sí, eso es, se marchara…No respires Mel, no hagas ruido, que no te tiemble el cuerpo ahora, no, silencio….Acaba de pasar por delante de la barca…si se aleja lo suficiente huiré costa arriba….maldita sea, desde aquí no veo nada…¿se ha ido ya?...joder ¡mierda¡….¿Salgo?”
La alarma de su reloj volvió a sonar y ella hizo un rápido movimiento cual Ninja y le dio un golpe para apagarlo.
Se quedó inmóvil.
Se oía el mar.
Unos turistas un poco bebidos cantándole a la luna (perfecto para esa situación horrible).
Y el palpitar de su corazón.
Pero nada más.
Si, podía salir.
-¿Qué haces ahí dentro? –preguntó Jensen asomándose dentro de la barca.
Mel ahogó un grito.
“Mi…erda” , pensó

1 comentario:

  1. Jajajajajaja...pobre Mel, es que realmente imagino la escena y con lo burlòn que es Jensen, ah!! pobre, pero bueno las cosas pasan por algo y el encontrarse ahì con ella a solas algo bueno pasara.
    Besos

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